José Antonio estaba solo en casa. No tenía miedo, de hecho le daba bastante igual. Jugar al ordenador le abstraía de todo lo demás. Pensar y vivir en esos otros universos a los que podía acceder a través de una pantalla era todo lo que necesitaba para sentirse a gusto.
Pero ese día quería algo distinto. Se sentía con ganas de aventuras y decidió explorar un terreno que habitualmente le estaba prohibido: el cuarto de sus padres. Aprovechando su ausencia se coló en la habitación sin estar seguro de lo que buscaba, pero con la esperanza de encontrar algo.
No parecía haber nada sorprendente a simple vista. Una cama grande, una mesita de noche a cada lado, una alfombrilla en el suelo,... Normal, pensó José Antonio, los tesoros siempre están ocultos. Al menos eso es lo que le habían enseñado sus videojuegos, por lo que buscó en el armario más grande que había.
Al abrir la puerta se quedó parado. Había una pila de cajas envueltas en papel de regalo que llenaban prácticamente todo el espacio. José Antonio las observó un largo rato y pensó que lo más sabio era dejarlo todo como estaba. Intuía que se metería en líos si sus padres no lo encontraban todo tal y como lo dejaron, así que cerró el armario y volvió a su ordenador.
Días más tarde, José Antonio se despertó y encontró esa misma pila de regalos debajo de un árbol en su propia casa. Nunca más volvió a ser el mismo. ¿Para qué iba a confiar en nadie si sus seres más queridos le engañaban y mentían en su propia cara? ¿Qué les había hecho él a ellos para que le trataran así? ¿Qué clase de broma pesada le estaban haciendo?
Aturdido por el golpe, teniendo medio perdida la noción de dónde se encontraba le vino el recuerdo del día que hizo las pruebas para ser piloto.
-Colóquese aquí y ponga cada mano en una rueda.
Mientras las extendía un violento temblor las sacudió en el aire.
-Trate de estar relajado. Si se pone nervioso no conseguirá pasar la prueba.
-Sí, señor.
Por desgracia no estaba alterado, aunque empezaba a sentir el miedo al fracaso antes incluso de haber empezado. Siempre había padecido un problema con su pulso y era consciente del hándicap que ello suponía para lograr su sueño, pero no estaba dispuesto a rendirse fácilmente. Alcanzó las ruedas con sus vibrantes manos y las apretó. Las presionó tan fuerte como pudo. Tanto que podía sentir el dolor de la goma que las recubría obstruyendo sus capilares sanguíneos. Era uno con los controles. Le hizo una señal al instructor para indicar que estaba listo y dio comienzo al test.
Controlaba dos pantallas simultáneamente esquivando distintos obstáculos que iban apareciendo. Estaba más concentrado de lo que había estado jamás.
-Un fallo. Lo siento, me temo que no lo ha superado.
Le dolían las manos. No se atrevía a soltar las ruedas.
-Por favor, deme otra oportunidad. Le prometo que lo haré bien. No sabe lo que significa esto para mí.
-Puede significar lo que quiera para usted, pero el reglamento es muy firme con estas pruebas. Debe pasarlas sin errores y sin posibilidad de repetir. Es por su propia seguridad.
-Se lo ruego, por lo que más quiera.
Apretaba fuerte el volante mientras acudían los servicios de emergencia. No era capaz de soltarlo. No sabía si podía moverse siquiera. Había tratado de burlar su destino y le iba a salir caro.
Esta entrada pertenece a la categoría "Historias de universos paralelos", pero no lo es del todo. Los relatos de esa categoría, aparte de mostrar una ventana a algo que no tiene por qué ocurrir en nuestro universo, tienen la peculiaridad de presentarte en medio de la situación de la misma forma en la que te encuentras dentro de un sueño sin saber cómo has llegado hasta ahí. Cualquiera que lea este relato tendrá la impresión de que cumple todos los requisitos para estar en la categoría correcta, pero no es del todo cierto.
Los protagonistas de esta historia llevan casi dos años en mi cabeza con una idea, pero me propuse no sacarla adelante hasta que no terminara la otra historia que tengo a medias para no dejar muchos proyectos inacabados. Sin embargo puedo hacer una excepción a esto porque este relato ocurre después de todo lo que sucede en esa historia.
Cuando un personaje habla de algo pasado en un relato de universos paralelos a veces ni siquiera yo sé a lo que se refiere, pero en este caso de verdad que lo sé todo de ellos. Profesión, gustos musicales, hacia qué lado de la cama duermen, ...
Probablemente yo sea el único que aprecia lo verdaderamente épico que es este reencuentro y no tengo manera de hacerlo ver sin contar todos los acontecimientos anteriores que me quiero reservar, pero justo esa excitación es la que me ha motivado a escribir.
Ah, y lo de que sea en inglés es simplemente porque nunca he pensado en esta historia en otro idioma. Quizás sea difícil de explicar, pero es lo que parecía más lógico. No me enrollo más.
-Monsieur
Duncan!
He couldn’t believe it. The voice he expected
the least to ever hear again had come once more to his ears.
-Lacroix…
George took a glance at the man he was talking
to, though he wasn’t sure he could even call him a man anymore. There was something strange in the way he moved and he felt the
cold and strong handshake of an iron fist when greeting him.
-We meet again.
-Nuts and bolts! H… how did you…? How is this
possible?
-You took me for dead, monsieur Duncan, and someone as practical as you would argue that
was the most predictable scenario to bet on. But I told you, didn’t I? Money
can buy everything. So I bought my life.
George was starting to notice the new details
of his old rival. Some of his new features were very visible, but he was pretty
sure there was a lot more hiding under the clothes. He was under the impression
of having a conversation with some sort of cyborg.
-You’re a maniac, Lacroix. How can you even do
such a thing?
-C’est
simple. I’m not blaming the Croatian emergency services, but when I arrived
at the hospital after our incident I requested to be treated by my own medical team. I’m sure you can imagine what it’s like. Very professional, very
efficient. I pay them a lot of money.
There was no doubt about it. He was Lacroix.
But he felt so different. Half of his face had no expression, as if it had been
rebuilt with some sort of plastic or silicone. Therefore his lips made weird and funny
moves when he spoke, which were very distracting to George.
-So, since my body was so heavily damaged, I
asked them to do something a bit risky for me. I wanted to take this downfall
as an opportunity to raise, to be enhanced, upgraded. A better version of
myself, I might add. And being the experts they are they succeeded, of course.
All the parts that were taken from me are now replaced with better working tools.
-You were disabled and built yourself a new body. Congratulations, Lacroix.
-But that’s not the only thing, monsieur Duncan. You’re just looking at
the envelope, the case that contains all the magic. Why stopping at fixing
physical damage when you can do something bigger? All the gadgets I’ve got in
me right now are fine, but why not evolve properly? I avoided death on the
edge of life, so I had to come back from that experience as a superior being. And so did I. My
researchers fully scanned my DNA sequence and modified certain parts to
genetically make me stronger, smarter and even less prone to be affected by most illnesses. You see
what I’ve developed? I just skipped thousands of generations of evolution to
obtain our species’ most optimal results.
-That’s the craziest shit I’ve ever heard.
-Haha. Tell me, monsieur Duncan. Have you exercised your chess skills?
-I didn’t have the time to.
-Neither did I! But I bet you I’m a much better
player than the last time we met.
-But what’s the point of all this, Lacroix?
-To live forever, monsieur Duncan! Mon Dieu!
I age slower now and I have replacements for all my inner organs grown from my
own cells. At least until my doctors find a more efficient way of keeping me
alive. You see, money brought me life.
-Is it even worth reaching immortality at that
cost? For Christ’s sake, would you even say you’re the same person anymore?
-Actually I think sometimes I’m not an homo sapiens anymore, considering my
genetic modifications. You’ve all fallen behind me now. But that sets a big
paradox, doesn’t it? I’m sure you recognize the man you’re talking to, even if
he doesn’t look alike. Same ideas and ambitions, but unrecognizable to the eye.
I’m reincarnated. And I owe all of this to you, monsieur Duncan. It is because of you that all this has been
possible. My most deepest thanks.
-Save it to yourself, Lacroix! No one in his
mind would thank another man for almost killing him. I don’t know what you’re
up to next, but I’ve seen enough movies to know you’re acting in a suspicious
way. I’ll have my eyes constantly on you.
-Don’t get too tired then, monsieur Duncan. From the both of us you’re the one who still needs
to sleep occasionally.
Me despertaron unos ruidos que venían de dentro de la casa. Desde la litera de arriba me asomé y comprobé que mi compañero no se encontraba ahí. Seguramente volvía otra vez borracho a las tantas de la mañana. No es que me importe lo que quiera hacer con su vida, pero me molesta cuando vuelve y se comporta como si fuera la única persona que importe a veinte kilómetros a la redonda.
El ruido no paraba. Sonaba como si estuvieran removiendo todo el piso. Webber era un inútil, pero hay que reconocer que era extraño que se estuviera comportando así. Tampoco era el peor compañero que había tenido. No hace mucho estuve con otro chico, Banning creo que se llamaba. Pues el chico este roncaba como jamás he visto roncar a nadie. En serio, más te valía dormirte antes de que él lo hiciera si no querías pasarte la noche entera en vela contando los ronquidos por minuto que era capaz de producir y pensando si no sería algo de lo que preocuparse en cuanto a su salud se refiere. Les he de confesar que me estaba entrando algo de miedo, hasta que vi ponerse a una persona en la puerta del cuarto. Era la hermana de Webber.
-¿Qué haces ahí?- le dije con una voz que seguro que sonaba como si aún estuviera durmiendo.
-¡Mierda, Caulfield! No esperaba que estuvieras.
Entonces se metió en la habitación y se acercó hasta la litera de forma que sólo era capaz de verle la cara. Era muy guapa, para serles honestos. Si no fuera porque implicaría compartir una vida más cerca de un canalla como Webber probablemente me plantearía algo más serio con ella que lo que me suelo plantear. Vendría de algún tipo de fiesta porque tenía toda la cara pintada. Jo, qué mal le quedaba. No sé ustedes, pero yo no entiendo a esas chicas que necesitan taparse la cara con maquillaje cuando van por ahí. Me parecen de lo más falso. Me parece mucho más atractiva una chica cuando se muestra tal y como es que cuando te muestra lo que a ella le interesa que veas de ella.
-Holden- empezó mientras me acariciaba el pelo. Se notaba que quería algo importante. -Necesito que me digas dónde guarda mi hermano su dinero.
No hace falta que diga que, aunque estuviera un poco dormido, veía claramente que la situación iba a traerme problemas por un lado o por otro. Fuera como fuera, seguro que yo salía perjudicado.
-¿Cómo has conseguido las llaves del piso?
-Mira, Holden. Lo único que te interesa ahora es hacer algo de justicia con el cretino de mi hermano.
-¿Y eso justifica robarle?
Jo, no podía parar de mirarle los labios. Aún en la oscuridad, despedían un rojo intenso tan antinatural que me daban ganas de vomitar.
-Mi hermano se merece muchas cosas y lo sabes.
-Ey, escucha, Natalie. Sea lo que sea que quieras hacer con el dinero de Webber creo que deberías hablarlo antes con él. Joder, ¿y tenías que colarte en la casa en medio de la noche? Menudo susto me has pegado.
Me miraba con una cara ausente. ¿Saben esa cara que pone alguien cuando escucha algo que le entra por un oído y le sale por el otro inmediatamente después? ¿Alguna vez han intentado razonar algo de sentido común con alguien que siguen empeñados en sus ideas aún sabiendo que no tienen razón? Natalie no parecía tener mucha intención de ocultarme que le daba igual lo que le dijera.
-Que te jodan, Caulfield. Voy a seguir buscando lo que quiero. Y si intentas algo raro te juro que me pondré a gritar y diré que intentabas abusar de mí.
Así que salió de la habitación y siguió haciendo ruido. No conseguí pegar ojo en toda la maldita noche.
Me apetecía hacerle un pequeño tributo a Holden Caulfield.
El ruido era ensordecedor y el ambiente no podía estar más cargado. Revelaría dónde me encontraba, pero iría en contra de la primera norma del club.
Previamente a cada combate se paseaba entre la gente un hombre con una libreta y un bolígrafo. Se encargaba de hacer apuestas para ver quién sería el próximo ganador. Mientras se acercaba a mí no dejaba de recibir billetes a favor de un tío con el nombre de Threepwood. No termino de ver bien convertir esto en una actividad de lucro, pienso que le quita parte de la esencia original, pero desde luego parece mantener más vivo el interés general.
-¿Dices algo, jefe?
-Sí. Pongo 100 para ese otro. McFly se llama, ¿verdad?
-No es que me importe cómo quieras tirar tu dinero a la basura, jefe, pero ese chaval no tiene ninguna posibilidad contra Threepwood. ¿Estás seguro que quieres poner 100 por él?
-Completamente.
La reacción del corredor de apuestas atrajo a un par de curiosos que no tardaron en dar su punto de vista y justificarse.
-Threepwood es mucho más atlético.
-Sí, no ha perdido casi ningún combate de los que ha tenido.
-McFly es un pringado. Se ve a la legua, capullo.
Sólo un poco más y el tipo de las apuestas tendría que estar recibiendo pujas por mí o por alguno de aquellos simpáticos muchachos.
-Subestiman el poder de las emociones. -empecé.- McFly tiene unas ganas de machacar a Threepwood que no son normales. Después de lo que le jodió no me sorprendería que haya venido esta noche con la intención de matarlo si es posible. Tiene las de perder, objetivamente hablando, es cierto. Sólo ha peleado un par de veces si no me equivoco y eso es lo que más asusta. Que un tío como él se atreva a plantarle cara a Threepwood sólo quiere decir que su razón está cegada por el odio que le tiene. Threepwood, en cambio, no siente nada por McFly. Para él lo que le hizo no tiene ningún valor especial. Es algo que le hubiera hecho a cualquier pringado, se llame como se llame. Si le preguntas seguramente sea capaz de decirte que siente lástima por McFly. Con eso, lo más probable es que Threepwood baje la guardia y McFly nos enseñe hoy una lección a todos.
Me había separado del grupo. No
iba el primero ni el último, pero iba solo. Llegué a un cruce en el que nada
indicaba por dónde continuaba el camino. No hablo de una simple bifurcación,
había muchas posibilidades para elegir. Traté de seguir algún rastro, encontrar
alguna señal que marcara la dirección correcta o hallar indicios de que un
camino fuera más frecuentado, pero fue en vano. Me decanté por la opción que
más se aproximaba a la dirección de mi destino, aunque era consciente de que de
nada serviría ese criterio tras un par de curvas. Me pasaba por la cabeza
incluso la idea de volver atrás cuando tuviera la certeza de saber cuál era el
camino, pero la idea de dar media vuelta se desvanecía cuanto más avanzaba.
Trataba de seguir con la mirada por dónde pasaban otros caminos, comprobando
que no se alejaran mucho y sabiendo que podía intentar cambiar de camino si las
cosas se volvían complicadas por donde iba. Realmente me sentía de todo menos
perdido. El sendero estaba envuelto por árboles que dejaban pasar la luz justa
para caminar sin sentir el freno de los rayos de sol a plena intensidad.
Una mujer mayor apareció sentada
en una roca a unos metros de mí. Decidí preguntarle por indicaciones, pues
llevaba bastante rato caminando a ciegas. Su cara estaba tan arrugada como la
piel que lleva horas en remojo y sus ojos se escondían detrás de unas gafas con
cristales gordísimos y redondos. Vestía toda de negro, hasta un visillo que le
cubría la cabeza. Me dijo que no iba mal, que si seguía tarde o temprano
empezaría a encontrar señales. Se paró un momento y me dijo que podría llegar
antes si en el siguiente cruce tomaba el camino de la derecha en vez del de la
izquierda. Pregunté si tenía algún tipo de indicación, pero lo único que hizo
ella fue sonreír de la manera más pícara que le fue posible y decir “es un
atajo”. Todavía con aquella sonrisa envuelta por los surcos de su cara me
despedí de ella y continué.
En cuestión de minutos alcancé el
cruce del que me había hablado. Una pila de piedras marcaba claramente el
camino de la izquierda, mientras que la derecha no invitaba a ser seguida bajo
ningún concepto. Había ido para vivir aventuras, pensé, sería una pérdida de
tiempo ir a lo fácil. Justo entonces comenzó la lluvia, si es que ese es el
nombre que se le podía dar. Más que agua cayendo era como si el aire estuviera
tan húmedo que las gotas de agua se condensaran inmediatamente al contacto con
la piel. Pronto mis botas se hundían en el barro. Mis pisadas se pegaban con
más fuerza al suelo y costaba arrancarlas para avanzar. Mis brazos estaban
fríos y mojados. Cada vez era más complicado articular las manos. No podía
hacer más que juntar los brazos al cuerpo y frotarlos para entrar en calor.
Entre la bruma divisé donde la
vista me alcanzaba la figura de una mujer. Tenía el pelo rubio y largo y un
poco rizado al final. Extrañamente me resultaba familiar. Aunque fuera por
abandonar la soledad decidí seguirla desde la distancia. Necesitaba saber quién
era y, quizás irrelevante pero muy importante para mí, qué hacía en ese camino.
Acelerar el paso fue provechoso para dejar de sentir el frío de la lluvia. La
aparición de aquella mujer fue muy oportuna, pero por mucho que tratara de
correr hacia ella no parecía acercarse. Podría haber gritado para que se
detuviera y me esperaba, pero me parecía ir en contra de la calma y el estado
natural del camino. Las piernas no hacían más que arderme, pero el dolor no me
podía frenar. Tenía que lograr lo que me había propuesto.
Girando por el último sitio por
el que había visto a la mujer encontré mi siguiente parada: una cabaña de
madera con una chimenea humeante. Definitivamente había alguien dentro. Sin
darme cuenta iba completamente mojado, en parte por la lluvia y en parte por mi
propio sudor. Estar parado delante de la cabaña observándola me hizo tiritar de
frío. Dentro seguro que se estaba a gusto. Entrar era la opción más sensata.
Pensé en la mujer. De una manera u otra me había llevado hasta ahí.
Dentro había un agradable olor a
incienso y una sensación de ambiente seco. Un hombre mayor y delgado se acercó
a recibirme con un “Namaste”. No sabía por dónde empezar. Todo me venía de
golpe a la cabeza y no era capaz de expresar algo con sentido.
-Elcaminoindicaballuviamuymojadomujerseñoraatajo…
Me hizo un gesto brusco para
hacer que me callara. Parecía molesto por mi actitud.
-Ponte de acuerdo, chico. No
puedes venir aquí con tantas quejas como si eso fuera a solucionar algo.
Supongo que querrás deshacerte de esa lluvia.
Asentí silenciosamente.
-La lluvia no es más que el
reflejo de tus preocupaciones. Crees que vas perdido, que no sabes por dónde ir
y te sientes desesperado. Pero la verdad es que todo eso no es cierto, está
todo dentro de ti. Tú has provocado la lluvia. En realidad tú eres el camino, y
cómo sea para ti depende únicamente de cómo te lo quieras plantear.
Aquello sin duda me hizo
reflexionar. Tras despedirse y desearme suerte abandoné la cabaña por una
puerta que había en la parte trasera. Me sentía mucho mejor. No me fijaba en si
hacía buen tiempo o si iba cómodo para caminar. Lo que más importaba desde ese
momento era disfrutar al máximo de la vida.
Finalmente, el camino llegó a un
claro y volví a encontrarme con los míos. Resultaba que cada uno había elegido
un camino distinto en aquel cruce, y cada uno tenía su propia historia que
contar después de su aventura. No era el primero ni el último en llegar, pero
desde luego ya no estaba solo.
Salió lentamente al centro del coliseo. El público le aclamaba. Era el favorito desde que se anunció el combate.
Se agachó para coger un puñado de arena y restregársela por las manos. Miró a su oponente, que le esperaba a escasos metros con una mirada rabiosa y feroz.
"Los Dioses me han dicho que no ganaré esta pelea. Y no pretendo desafiarles presentándome aquí. Mi destino parece más que sellado.
Pero no pretendo huir por ello. No hay gloria ni honor en retirarse por saber que la batalla está perdida. Viviría el resto de mis días recordando este momento como el día que me rendí y estaría condenado a soportar esa amargura hasta el final, deseando estar muerto con tal de seguir en paz.
Prefiero vivir un día como un león que cien años como una oveja."
Llegamos a la zona de chalets. No me es habitual ir por las afueras de la Ciudad, por lo que el entorno no me era muy familiar.
Me llamó la atención un bloque que tenía toda la pared exterior de ladrillo rojo. En un punto había un cristal que sobresalía de la pared y se podía ver como una segunda capa escondida tras un agujero en el muro. Había un papel pegado que mostraba una vista aérea del bloque entero señalando una serie de puntos con números. Todo estaba impreso en color azul y el cristal impedía tocarlo o incluso acercarse para examinarlo con más detalle.
Justo al lado había una manivela que poco tardé en darle vueltas. Al hacerlo la pared interior entera se desplazó. Perdí de vista el plano azul y apareció una imagen que reconocía.
"¡Eh! Conozco esto. ¡El otro día me acordé justo de este momento! Fue buenísimo lo que ocurrió."
Mi acompañante no parecía tan entusiasmado como yo, como cabría esperar.
Seguí girando la manivela. Uno a uno aparecían momentos estelares de mi vida. Un tour de sentimientos en cuestión de segundos. Desde la alegría inicial, pasando por escenas amargas, llegando a lo más inverosímil.
Finalmente volvió a aparecer el plano, que supuestamente indicaría la ubicación de cada recuerdo tras el muro, pero no lo entendía muy bien.
No sé cuánto tiempo pasé mirando las imágenes, pero mi acompañante se impacientaba. Teníamos que recoger todavía a otra persona.
Es una lástima. Por mucho que sé que existen porque los he visto y los busco, rara vez me encuentro de nuevo con este tipo de monumentos.
Sabiendo eso arranqué el coche y dejamos atrás el bloque de ladrillos.
Nunca es cómodo estar en la mesa del quirófano, pero supongo que no quedaba más remedio.
Un hombre mayor abrió la puerta que veía desde mi posición tumbado y llamó la atención de una de las enfermeras.
-Enhorabuena. Has sido elegida para la Promoción. Si mantienes durante seis días igual de intacto y perfecto tu historial podrás marcharte.
Se fue cerrando la puerta y el resto de enfermeras corrieron a abrazarla entre gritos. Era la mejor noticia que cualquiera podría recibir en estos momentos. La alegría se contagiaba por todo el quirófano.
Después de recibir las felicitaciones se acercó a mi posición. No podía dejar de mirarla, era guapísima. Seguramente ésta era la última vez que podría hablar con ella, así que era ahora o nunca.
-Qué suerte. Ojalá algún día nos veamos al otro lado. Seguro que todo te va bien. Búscame, por favor.
Sonrió ruborizándose y asintió.
Otra de las enfermeras me inyectó la anestesia en la muñeca izquierda. Lentamente sentía cómo mis venas transportaban el líquido y mi brazo se dormía poco a poco. La miré una última vez.
El líquido llegó al corazón. Un latido. De golpe mi cuerpo experimentó un ataque global. Absolutamente todos los trozos de mí estaban en peligro. Un latido. Mi cabeza daba vueltas. Mi pensamiento se nublaba. "Tengo que resistir como sea", pensaba. Me costaba ser consciente.
El sonido de los mecheros encendiendo cigarrillos indicaba que se había acabado el tiempo de la comida. El humo poco a poco invadía el ambiente.
-¿Os habéis enterado de lo que pasó ayer con Mike y el amigo que trajo?
-Ah, sí. Yo estaba.
-¿De qué cojones estás hablando? No he escuchado nada.
-Resulta que ayer a última hora apareció Mike con un amigo suyo. Nada del otro mundo. Habrían quedado luego para ir a algún lado o cualquier mierda de las de Mike. El caso es que para hacer tiempo o qué pollas sé yo se metieron un rato en la garita y decidieron poner un poco de música, y justo Kelly pasó cerca en ese momento y les echó el puro.
-¿Qué mierdas dices? Nosotros también escuchamos música a veces en la garita.
-¡Ni que nunca hayamos traído a nadie!
-Sí, sí. Dejadme terminar, joder. En defensa de Kelly sí que diría que la música podía estar un poco más alta de lo normal y podría molestar a alguien que estuviera trabajando cerca, pero la putada, lo que jodió a Mike, fue que en ese momento Kelly dijera "sólo os falta una cachimba aquí".
-¿Por qué diría Kelly eso?
-Bueno, el chico que trajo tendría pinta de ser... ya sabéis, ese tipo de gente.
-¿Qué cojones? No me puedo creer que Kelly se dejara llevar por estereotipos. ¡Menuda vergüenza!
-Eh, eh. Yo no estaba, pero todos conocemos a Mike. Seguro que a ninguno de nosotros nos sorprendería ese comportamiento por su parte.
-Sí, joder. Está claro. Pero eso no justifica el comentario. Mike tiene la suficiente cabeza para saber cuando puede hacer las cosas. Al menos de momento no nos ha demostrado lo contrario.
-Bueno, Mike tiene sus días de lucidez.
-A ver, vosotros al parecer no le visteis, pero el muchacho llevaba rastas. Tenía además unos cuantos agujeros en la cara y... ya os imagináis la escena.
-¡Me cago en la puta! ¿Vamos a juzgar a las personas por su apariencia ahora? ¿Es lo que estás diciendo, Frank? Joder.
-Joder, no. Pero entiendo el punto de vista de Kelly. Yo creo que hubiera actuado de la misma manera. Y joder, cabronazo de vosotros el que diga que en el momento no hubiera tenido ese pensamiento.
-Sigo sin creer que Kelly dijera eso.
-La música que pusieron incitaba a pensar que andaban de juerga.
-Joder, te juro que voy a poner música de juerga a todo volumen para callarte la puta boca como sigas con esa mierda.
-No vamos a juzgar a nadie por sus apariencias o la manera de actuar, joder. Mike quiso traer un colega, y ya está. Se les fue de las manos y Kelly hizo un comentario. Joder, Mike ni siquiera está aquí. Quizás se haya olvidado ya del jodido asunto.
-No entendéis, joder. La hija de Kelly está saliendo con un chico así. Y coño, le molesta porque sabe que su hija ahora fuma maría por culpa del novio y quizás sea normal que tenga esa clase de prejuicio.
-¿Kelly tiene una hija? ¿Está buena?
-¿Dirías que el chico que trajo tiene estudios?
-...
-¿De... qué... cojones... estás hablando?
-Eso ha estado fuera de lugar.
-Eh, joder. Sólo defiendo mi punto de vista. No digo que el tío sea mala persona ni nada, es amigo de Mike además, joder. Pero por la apariencia que tenía él mismo se arriesga a que la gente le tome por lo que quizás no sea. Os digo que al verle te recuerda a una de estas personas que está siempre en primera fila en las manifestaciones, de los que a veces incluso van con malas intenciones.
-Tío, te estás metiendo en terrenos peligrosos.
-No, joder. Sólo digo que el chico debería ser consciente de la imagen que da y Mike podía haber tenido más cuidado al traerlo.
-¿Entonces no quieres que vayamos con gente que no te inspire confianza? ¿Es eso lo que dices, gilipollas?
Un golpe en la mesa del líder sentenció el asunto.
-Se acabaron las mariconadas. Hemos pagado todos, ¿no? Vamos a salvar el mundo.
Desde abajo todo el mundo veía claramente el resplandor. No había duda. Era él
Caía como una estrella fugaz en el cielo. Cómo lo había logrado era una incógnita, pero era un hecho que lo había conseguido, aun cuando nadie se fiaba ya de él.
Automáticamente todas las miradas se centraban en el punto brillante que descendía a toda velocidad. El silencio indicaba el arrepentimiento de no haber confiado en que fuera capaz de salvarlos a todos. Y ahora iba a morir.
Desde arriba él no veía más que el suelo acercarse a un ritmo imparable. El impacto era descomunal e inminente. Las lágrimas salían de sus ojos. Quizás diría que por el fuerte viento que le golpeaba la cara, pero en el fondo sabía lo que estaba pasando por las cabezas de aquellos que observaban, y la felicidad de haber demostrado su verdadero valor no cabía en él.
Se había hecho tarde. Tenía que levantarme pronto a la mañana siguiente y ni siquiera había recogido la mesa después de cenar. Aunque me moría de sueño me obligué a dejarlo todo recogido antes de acostarme.
Al acercarme a oscuras al comedor iba notando el ambiente algo cargado, contagiado de una manera poco habitual. Con el cuerpo alerta encendí la luz y no pude evitar pegar un grito del susto que me llevé. Enfrente de donde me había sentado a cenar había un hombre terminándose los restos de comida que había dejado y no quería dejar ahí fuera toda la noche. Además había cogido una de mis cervezas de la nevera.
Era un hombre mayor, o al menos mayor que yo. Tenía toda la cara cubierta por una inmensa barba tan negra como el carbón que no dejaba ver nada a través de ella. Parecía recién bajado de un barco que llevara semanas sin pisar tierra, pues además tenía la piel algo oscura (la poca que se le podía ver) y castigada por el sol. Desde luego una figura intimidante que me miraba con ojos serios desde su posición.
-No grites a estas horas, hombre. ¿No ves que vas a despertar a todo el mundo?
Su presencia en mi comedor me descolocaba por completo.
-¿Q... quién eres?
-Esa guitarra que sonaba hace un rato ahí atrás eras tú, ¿verdad? ¡Sonaba horrible!
Su presencia en mi comedor empezaba a molestarme. Después de ese comentario mi miedo se transformó en indignación. Ya era capaz de hablar con normalidad.
-Ese queso que comes es mío.
-Oh, no te preocupes. Soy un producto de tu imaginación. No me estoy comiendo realmente tu comida, aunque por lo que tardabas en limpiar esto bien podía haber venido cualquiera a hacerlo. Quizás tenía que haberme aparecido como un insecto gigante, así habrías aprendido más rápido la lección.
-Eh, muy bien. Ya estaba viniendo precisamente a recoger todo esto por mi mismo. Que estuvieras aquí o no no ha hecho ninguna diferencia.
-No he venido a decirte que hagas las tareas del hogar, pero tienes que tomártelo todo más en serio.
-¡Maldita sea! ¿Qué dices? ¡No podría tomarme más en serio las cosas últimamente!
-Ya... ¿Y cómo te va?
Ya estamos... Esta gente parece que no sabe hacer otra cosa más que aprovecharse de las situaciones difíciles. No me apetecía quedar como un flojo delante de este señor.
-Bueno, ya sabes... unas veces te comes al oso... y otras veces el oso te come a ti.
-Eso dicen, parece.
El hombre hizo una pausa larga en la que aproveché para mirarle fijamente a los ojos. Si su barba era puro carbón, sus ojos reflejaban las profundidades de la mina de la que lo sacaron. Al final del todo se podría ver cómo meditaba las palabras que estaba a punto de decir, si fuera posible llegar hasta el fondo.
-Tal vez no seas capaz de darte cuenta, pero das pena comportándote así. Tienes que espabilar, aunque no debería decirte cómo. Es un problema que tienes que afrontar tú solo y encontrarle solución, ¡y cuanto antes mejor! Te darás cuenta de que ese oso no te tendrá tantas ganas si ve que haces las cosas bien.
De pronto se esuchó un ruido tremendo. ¡Sonaba la bocina de un barco desde la cocina! Justo al girar la cabeza se fue la luz. Un segundo después volvió, pero el hombre se había desvanecido y mi queso estaba tal y como lo había dejado horas atrás.
De pronto todo empezó a moverse solo. Agarré el volante tratando de corregir el rumbo, pero era imposible. Había perdido el control.
En todo momento me parecía ir mal encauzado, como si fuera a chocar con cualquier cosa, pero los mandos no respondían y yo avanzaba hacia delante.
Entonces el agua lo cubrió todo, ya no había nada que ver. Estaba atrapado y descontrolado. De todas las opciones posibles, lo mejor que se podía hacer era asumir la situación y llegar al final tratando de disfrutar la situación al máximo posible.
Y fue justo en ese momento, cuando la situación pudiera empezar a resultar cómoda, cuando apareció la luz al final. La confianza y la seguridad volvían conforme me acercaba a la salida, y entonces volví a ser amo de los controles.
Aunque asustado, lo repetiría. La próxima vez estaré confiado antes incluso de perder el control.
Estaba tomando algo y hablando con la serena tranquilidad que me gusta disfrutar. De pronto, dejé de prestar atención a la conversación porque mi vaso se estaba inclinando con intención de tumbarse sobre la mesa y derramar su contenido. ¿Cómo era posible? No hacía nada de viento, el vaso todavía contenía la mitad de líquido que podía almacenar, por lo que podía confiar en la gravedad para mantener el vaso pegado a la mesa. Lo único capaz de explicar lo que estaba viendo era un impulso externo o un universo paralelo que se estaba delatando a si mismo. Había algo raro en lo que estaba viendo, no terminaba de creerlo aunque lo estuviera viendo porque no tenía sentido.
Fuera lo que fuera hace ya un tiempo que me entrené para no quedarme pasmado mientras observo algo que lentamente cae a su perdición y puede ser salvado con el adecuado tiempo de reacción, así que, sin importarme la causa, rápidamente moví mi mano para coger el vaso.
Mayúscula fue mi sorpresa cuando, a mitad de camino, mi mano chocó contra el vaso inmóvil e indefenso que se mantenía pegado a la mesa gracias a la gravedad (al parecer no estaba en otro universo). Yo di el impulso externo que necesitaba el vaso para cumplir con mi visión. No era real, pero ahora lo era. Estaba viendo cómo el vaso se inclinaba con intención de tumbarse sobre la mesa y derramar su contenido, exactamente igual que hacía dos segundos, salvo la diferencia de haberme quedado pasmado observando el desastre en esta ocasión.
Vaya, ¡esto es nuevo! Desde un punto de vista esotérico, cualquiera diría que había previsto el futuro, aunque sólo fuera por dos segundos. ¡Pero menudo fracaso! Ese futuro no hubiera ocurrido de no ser por haberlo visto antes. Yo no tenía ningún motivo para lanzarme a por el vaso, pero, al ver el destino que le estaba reservado, intenté evitarlo no haciendo más que provocar ese futuro. Si no lo hubiera visto caer nada de esto habría ocurrido y mis pantalones seguirían secos. Si pretendía que el vaso no cayera la solución era no hacer nada, pero era imposible no reaccionar viendo venir la catástrofe. Desde el punto de vista de un observador externo de repente
centré mi atención en el vaso y le arreé un manotazo porque sí. ¿Cómo se puede explicar la situación desde un punto de vista lógico?
Como predictor del futuro tampoco tiene mucho mérito decir que un vaso se va a caer y a los dos segundos ser tú mismo el que lo tire. Predicciones así se pueden hacer a porrones y acertar.
Por fin volví a casa después de tanto tiempo. Lo primero que hice fue quitarme los zapatos y dejarlos por ahí tirados. Ya podía volver a hacer lo que quisiera. Inmediatamente me metí en la ducha. Ah, ¡cómo echaba de menos sentir la presión del agua como me gusta y saber ya de antemano cómo regular el agua para que esté totalmente a mi gusto! Había pasado más tiempo del que me parecía al principio.
Salí de la ducha, me puse un albornoz y me tiré boca arriba encima de la alfombra del salón, mirando el techo. Todo me daba vueltas todavía. La misión había acabado, de eso no había duda, pero quizás era pronto para decir si había salido bien o mal. Después de todo habíamos tenido que engañar a tanta gente...
Supongo que me asignaron en la misión por mi habilidad para reconocer patrones y mi capacidad de deducción, pero a la hora de tratar con personas es algo distinto. Cuando alguien miente te está dando una pista falsa y sacar conclusiones a partir de ahí es muy peligroso. Seguramente en algún momento habría actuado de forma distinta si hubiera sido consciente de cuándo se decía la verdad y cuándo no, pero es evidente que aún no estoy lo suficientemente entrenado en ese aspecto.
La verdad es que he tenido el placer de conocer a mentes muy brillantes en esta aventura, aunque quizás la que más me ha fascinado es la de mi compañero. Él era el jefe de los dos. Tenía mucha más experiencia que yo y era el que sabía siempre qué hacer de cara al resto de gente. Lo asumí sin ningún problema y me dejé llevar totalmente por lo que él dijera. Para algo era el jefe. De hecho, apuesto a que él si que sabe si la misión ha sido un éxito o un fracaso.
Pero ha sido todo muy extraño. Teniendo en cuenta toda la situación que vivíamos, si había alguien en quien pensaba que podía confiar era precisamente en él. Y, sin embargo, justo al final me ha demostrado que todo el tiempo he estado formando parte del grupo de personas engañadas, como el resto del mundo. Esto me ha chocado por la contradicción que ha supuesto, pero insisto, mis habilidades para detectar las mentiras de la gente son un poco pobres.
Personajes contradictorios los hay a porrones, pero a éste le tenía un respeto especial. Había sido mi guía estos últimos meses, llegué a conocerle bastante. Incluso me hizo prometerle que nos viéramos cuando todo acabara, pasara lo que pasara. De ahí mi sorpresa cuando anoche, en el aeropuerto, se despidió de mí y, con una de sus caras más serias, me dijo que ni se me pasara por la cabeza buscarle.
¿Qué quiso decir eso? Se abre un amplio abanico de posibilidades, algunas más lógicas que otras, aunque poco de todo este asunto tiene mucha lógica en realidad. Suponiendo que todo lo que diga es verdad, la explicación sería que entre los dos sucesos (su promesa y anoche) ha visto algo en mí que le ha hecho cambiar completamente de opinión. Esto puede ser comprensible, pero no he hecho más que seguir sus órdenes en todo momento, así que no sería justo que me juzgue por eso precisamente. También le conozco algo y sé que tiene una buena habilidad para mentir sin que se note, así que no es muy descabellado considerar que en uno de los dos momentos no ha sido sincero. Al menos así se justifica la contradicción. Lo primero sería pensar que no decía la verdad al principio. ¡Maldita sea! Tiene sentido no revelar información tan personal a un desconocido, por mucho que toque trabajar juntos. Le dije dónde vivo y todo, quizás fue un error. Su historia era bastante creíble, pero claro, la tendrá preparada desde hace años. Supongo que ganarse mi confianza de esa manera era clave para el buen funcionamiento de la misión, pero no podía jugarse su seguridad tan a la ligera. Y si no es eso, vamos a la segunda posibilidad: lo que me dijo anoche no iba en serio. Tal vez se dio cuenta de todo lo que sabíamos el uno del otro y ahora mismo lo más prudente por precaución era alejarnos hasta que todo se calme. Entonces lo hizo por protegerme, aunque podía haber sido algo más claro. O quizás era una broma, y sabiendo lo que hago quería ponerme en la situación en la que estoy ahora mismo analizándolo todo para entender el problema, salvo que no tiene solución por ser una broma. Otra opción es que en ningún momento haya sido capaz de decir la verdad. Después de todo por lo que ha pasado no me sorprendería que haya acabado tan enfermo. Pero caray, qué complicado es todo.
Y hasta aquí soy capaz de pensar. Mi trabajo consiste en evaluar todos los posibles escenarios, y él ya se encargaba de tomar decisiones y elegir el más adecuado para actuar, por eso formábamos buen equipo. No me echo nunca atrás al hacer una promesa, y ésta tenía como condición "pase lo que pase", así que la pretendo mantener en pie. Él sabrá lo que está haciendo.
En fin, creo que lo mejor que puedo hacer ahora es precisamente no hacer nada y dejar que todo vaya sucediendo por sí solo. De hecho, ahora mismo me voy a quedar aquí tirado hasta que una fuerza mayor intente levantarme.
Esto pretendía ser una canción al principio, pero no saqué ningún ritmo convincente y decidí convertir la idea en relato corto.
Miles se dirigía, un día más, al restaurante Caníbal. Es uno de los pocos sitios del mundo donde sirven de forma legal carne enteramente procedente del cuerpo humano, y a Miles le encantaba.
Cuando llegó se sentó en su mesa habitual sin ser recibido por nadie y esperó. El ambiente macabro, tenebroso y siniestro del lugar junto con el misterio que rodea a la cocina elimina al restaurante Caníbal de cualquier lista de apropiado para todos los públicos, por lo que es frecuente encontrar el restaurante casi vacío y los camareros que hay emplean más tiempo en la cocina que atendiendo a los clientes. Miles tenía hambre.
Mientras esperaba se fijó en los adornos que decoraban las paredes. Posters de distintas partes del cuerpo con valores nutricionales detallados, órganos reales expuestos en vitrinas y varios esqueletos humanos completos repartidos por toda la sala. Todo esto no hacía más que abrirle más el apetito a Miles, y nadie aparecía.
Finalmente se hartó y se levantó. Se dirigió a otra mesa donde un cliente disfrutaba de su filete y, sin ninguna delicadeza, le partió el cuello. Agarró el cuerpo inerte de su víctima, se lo llevó a su mesa, le quitó la ropa y empezó a comérselo crudo.
-Estamos muy ilusionados de que hayas vuelto. Tenemos muchas ganas de trabajar contigo.
-Espera. ¿Me esperabais o algo?
-Jajaja. ¡Pues claro que te esperábamos! Tarde o temprano tendrías que volver.
-Pero no entiendo. Ha sido casualidad, ni siquiera tenía pensado venir aquí hace dos semanas.
-No olvides que tenemos tu alma. Podemos hacer contigo lo que queramos.
-Entonces me habéis hecho venir haciéndome creer que lo hacía por propia voluntad.
-Efectivamente. Hace tiempo esperamos grandes cosas de ti, pero nos fallaste a todos. Ahora somos poco los que aún confiamos en ti.
-No consigo entenderlo. Habláis como si me hubierais seguido desde hace tiempo.
-¡Pues claro que lo hemos hecho! Teníamos que asegurarnos de que llegaras aquí en el mejor estado posible sin interferir directamente. Tenías que llegar tú por tu cuenta aunque te fuéramos guiando. Nosotros te garantizábamos un futuro prometedor y tú andabas jugándotelo todo. Decidimos darte algo de libertad, pero no sabes lo mal que lo pasamos a veces, pensando que ya no eras lo que necesitamos. Maldito fue el día que elegiste vivir más en el presente que en el futuro. Porque lo sabías, Sergio. Lo supiste ver.
-Se hacía aburrido esperar a ese futuro. No llegaba nunca. Me negué a desperdiciar las oportunidades de vivir historias interesantes. Cambiar eso me hizo sentirme vivo de verdad, por muy irresponsable que os parezca. Al fin y al cabo estáis haciendo todo esto por vosotros, así que dejadme hacer lo que quiera.
-Si todo sale bien el gran beneficiado serás tú al final. No todos tienen la suerte que tienes tú de tener a alguien constantemente velando por ti. Sabemos los líos en los que te has metido últimamente, y hemos hecho que vengas aquí para ayudarte.
-Pues no sé qué podréis hacer.
-Eso déjanoslo a nosotros. Al final las cosas acabarán bien. No somos tan malos como parecemos después de todo. De momento te ofrecemos que trabajes un tiempo para nosotros. Si tus resultados son positivos contaremos contigo para más y después lo tendrás todo prácticamente solucionado. Ese futuro que no te llegaba está cerca, Sergio. Tienes que ser un poco más paciente. Ya nos fallaste y ahora te damos una segunda oportunidad. Te conocemos mejor que tú mismo y somos conscientes del riesgo que implica confiar en ti, así que ni te atrevas a fallarnos esta vez.
Cogí el avión a Cancún. Eran las 12 de la noche, y tenía una reunión al día siguiente. La llegada del vuelo estaba prevista a las 10 de la mañana, es decir, el vuelo duraría 36000 segundos.
Nada más despegar utilicé mis súperpoderes de ingeniero y descubrí una grieta situada en la raíz del ala por su cara superior de 70 milímetros atravesando de lado a lado la chapa que forra el ala. ¡Malditos aficionados! Son incapaces de hacer bien su trabajo. En fin, mientras lleguemos a tierra no es mi problema. Ya se apañarán.
Saqué mi portátil y empecé a preparar la presentación que tenía que hacer al llegar a Cancún.
Apenas habían pasado dos horas de vuelo cuando me dio por volver a echar un vistazo a la grieta. ¡Joder! ¡Había pasado de medir 70 a 100 milímetros! Eso se estaba yendo de madre. Había que hacer algo. Saqué mi calculadora programable y me puse manos a la obra.
El ala tiene una longitud de 12,5 metros y está recubierto por una chapa de 13 milímetros de espesor de una aleación de aluminio 7073-T6 cuyo módulo elástico es de 80 gigapascales y su factor crítico de intensificador de tensiones de 60 megapascales por raíz de metro. El ala se flexiona hacia arriba y hacia abajo con el movimiento del vuelo. Con cada ciclo las chapas que forman el ala se alargan y encogen 14 milímetros, respectivamente.
Conociendo el alargamiento, que son los 0,014 metros dividido por los 12,5 metros de longitud (0,00112), se puede calcular la tensión máxima que sufre el ala mediante la Ley de Hooke. Multiplicando la alargación máxima por el módulo elástico se obtiene una tensión máxima admisible de 89,6 megapascales.
Ahora es posible conocer el tamaño de grieta crítico para rotura considerando las cargas cíclicas. Si se considera el factor de forma igual a 1 por ser una grieta superficial, con los datos que ya se tienen se obtiene un tamaño crítico de 142 milímetros.
Utilizando la ecuación de Paris y Erdogan con un coeficiente A igual a 1,69 por diez elevado a menos 9 y m igual a 3 para ajustar la velocidad de crecimiento de la grieta es posible calcular cuántos ciclos ha habido desde que la grieta medía 70 milímetros hasta ahora que mide 100.
222,4 ciclos en dos horas. ¿Y cuántos ciclos le quedan hasta llegar al tamaño crítico de rotura? ¡463,3!
Este avión se va a romper en cuatro horas. ¡Ni de coña llegamos a Cancún! Malditos aficionados, nos han condenado a todos. Todavía es posible dar media vuelta. Iré a hablar con el capitán.
Me levanté del asiento y me encaminé hacia la parte delantera del avión. Una azafata custodiaba la puerta por la que quería pasar y apreció que estaba alterado.
"Tengo que hablar con el capitán." Dije yo.
"Me temo que no es posible. Le ruego que vuelva a su sitio, señor."
"No lo entiende. Se trata de un asunto de vida o muerte." Tampoco le iba a contar todo a la azafata.
"Señor, si tiene problemas de ansiedad le podemos proporcionar unas pastillas para que duerma hasta el fin del trayecto." ¿En serio? Pero bueno, no había que desaprovechar la ocasión.
"Está bien. Eso me tranquilizará."
Hice el amago de dar media vuelta y, en cuanto la azafata se puso a buscar las dichosas pastillas, me abalancé sobre la puerta de la cabina del capitán abriéndola antes de que la azafata pudiera reaccionar. Entré como un rayo y cerré el pestillo de la puerta para que no molestara nadie.
"¡Rápido! Se trata de una emergencia. ¡Tienen que dar la vuelta!"
No había acabado de hablar cuando el copiloto ya había dejado su puesto y se lanzaba contra mí al grito de "¡¡TERRORISTA!!" ¿Quizás tenía que haber llamado antes de entrar?
Cogió una palanca y la agitó delante de mi con la intención de darme. Ágilmente esquivé los golpes mientras oía a la azafata al otro lado de la puerta dando porrazos a la puerta.
El piloto había conectado mientras el piloto automático y se levantó a ayudar a su compañero. Utilizando mis súperpoderes de ingeniero y mis conocimientos adquiridos viendo películas de James Bond logré tumbar a los dos hombres y atarlos con cinta aislante que encontré en la cabina.
La azafata preguntaba por el estado de los pilotos al haber cesado el ruido provocado por el forcejeo. No me quedó más remedio que fingir una voz distinta y decir: "Todo en orden. Seguimos el rumbo marcado."
Acto seguido me puse a los mandos del avión y di la vuelta. Esperaba estar todavía a tiempo. La pelea podía haber hecho vibrar el ala más de lo que debería.
Al cabo de dos horas y pico nos aproximamos al aeropuerto de partida y comencé el descenso. Las azafatas se dieron cuenta y volvieron a hacerse notar aporreando la puerta. No debían entender nada. No pude hacer nada más que ordenarles que se aseguraran de que todo el mundo estuviera en su sitio. El aterrizaje no iba a ser muy agradable dada mi falta de práctica.
La radio empezó a sonar. Pedían identificación para aterrizar. ¿Quién tenía tiempo para responder?
Me encaré suavemente hacia la pista de aterrizaje y forcé un poco el desenso para no pasarme de largo. El tren de aterrizaje tocó el suelo con mucha violencia y todo el avión tembló como un flan. Fue entonces cuando se escuchó un estruendo horrible y la gente comenzó a gritar muy fuerte en la parte de atrás. En efecto, el ala había cedido y se deslizaba por el asfalto de la pista de aterrizaje.
La cosa no pintaba bien. Sin un ala empezaría a girar como no hiciera nada, de modo que activé el paracaídas de emergencia y pulsé todos los botones que me ayudaran a perder velocidad.
Finalmente, por mucho que les sorprenda, conseguí detener el avión. Los pasajeros aplaudían, las azafatas me daban besos y todo el mundo que presenció la escena desde el aeropuerto gritaba y daba gritos de emoción.
Imbéciles, no sabían que por culpa de esto iba a llegar tarde.
Y ese, señores, es, principalmente, el motivo de mi retraso. Disculpen.
Así que en algún lugar ha sido inventada. Si no me equivoco esto es una máquina que lee la mente. Me gustaría entender cómo lo han montado. Al parecer lo que piensas aparece en esta pantalla pequeña de aquí. Ya hay unas cuántas palabras. Probablemente tenga que ver con lo que estaba pensando ahora. Pongámosla a prueba.
Voy a pensar en una persona en concreto a ver si es capaz de reconocerla. Piensa en Kurt J. Mac. ¿Saldrá su nombre, su cara?
En la pantalla aparece "Male". Bueno, no está mal. Kurt es un hombre, pero no es lo que esperaba. No me ha dado una buena primera impresión esta máquina.
Entretanto en la pantalla vuelve a salir "Male" justo debajo del anterior. ¿En serio? Ni siquiera estaba pensando exactamente en eso. Tal vez Kurt no exista en este universo y por eso no funcionó antes. Eso tendría sentido...
"Alone"
¡Eh! ¿Qué quiere decir eso?
Mierda, como venga ahora alguien y lea esto va a ser difícil de explicar. Según esto mis últimos pensamientos son "Male, Male, Alone".
Rápido, piensa algo totalmente distinto para disimular.
"3 % 6"
¿¿Tres entre seis?? No estaba pensando eso, pero supongo que la máquina no sabía traducir lo que pensaba. Voy a probar esto entonces: Un medio, un medio, un medio...
"5"
¿Q..Qué coño? ¡Esta máquina no va! Me voy de aquí.