"Historias" 04

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[ALERTA SPOILERS]
Esta entrada pertenece a una serie de entradas que componen un relato que estoy escribiendo. Si tienes interés en leerlo todo desde el principio puedes ir a las etiquetas que hay en la parte derecha y clickar en "Relatos". Ahí tendrás todo en orden inverso, así que tendrás que empezar desde abajo del todo e ir subiendo. Si eres un masoca al que le gusta saber el final antes de empezar la historia o simplemente te divierte mirar letras puedes seguir leyendo bajo tu propia responsabilidad. Gracias.



Todo empezó en un tren.

La noche anterior apenas pude dormir. La angustia de mis pensamientos no me había dejado.

Mi padre había fallecido y eso me dejaba sola en la familia. No quedaba ningún pariente cercano con vida, nadie a quien invitar a comer a casa o a quien contarle mi vida entera. La noche en el tanatorio se hizo eterna.

Esa misma mañana fue el entierro y nada más acabó me dirigí a la estación para volver a casa lo antes posible. No me quedaba más que seguir mi vida como hasta ahora, como si nada hubiera ocurrido. Tenía que evitar pensar en todo eso antes de caer en una depresión. La verdad es que era joven para encontrarme en esa situación.

De pronto, a mitad de trayecto, me entraron ganas de llorar. Llevaba aguantándome todo el rato, pero me era imposible aguantar más. Asomé la cabeza para ver si el baño estaba ocupado y mi mirada se cruzó con la de otro hombre. La aparté rápidamente pero, ¿qué estaba mirando? No había nada en el pasillo. Volví a asomarme y le volví a ver. Estaba en esa posición a propósito. Miraba algo pero no sabría decir el qué. Seguramente era un raro.

Lo pensé detenidamente un rato. Podía ser la solución para desviar mis pensamientos. Realmente cualquier cosa sería mejor que volver a casa y hundirme en la miseria. Volví a echarle un vistazo y seguía haciendo cosas extrañas. Sonreí al darme cuenta de que era capaz de olvidar por un instante mis problemas.

Cuando llegamos a la estación bajé del tren y seguí al hombre de cerca. Tenía un aire bastante distraído, como si pudieras pasar delante de él sin que se diera cuenta. Casi al final del andén se agachó a coger algo del suelo. Era mi oportunidad. Saqué mi móvil e hice como si hablara con alguien. Así, de forma "accidental" choqué con él.

-¡Oh, perdona! No te había visto. Soy Gina Northwood. ¿Cómo te llamas tú?


"Historias" 03

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Bajé del tren con mi maleta. No era muy grande, era perfecta para el tipo de viaje que estaba haciendo. Tenía lo justo para aguantar un par de días, cosas de supervivencia básica. Lo que más pudiera valorar lo llevaba conmigo mismo. Prolongar mi estancia más de cuatro o cinco días empezaría a ser una derrota, así que directamente hice previsiones de poco tiempo y llevé poco equipaje.

La incógnita del alojamiento se empezó a plantear como un problema. Tenía que procurarme un buen refugio para la noche, pero sin abusar del coste. Ya habían pasado unas cuantas horas desde el mediodía y probablemente me fuera difícil encontrar disponibilidad donde me gustaría. Empecé en considerar pasar alguna noche al aire libre. En esa época del año las noches cada vez refrescaban menos y, aplicando mis conocimientos, podía recoger el material necesario de la calle para no pasar frío durante la noche.

Pensaba en todo eso mientras avanzaba por el andén de la estación. Miraba a mi alrededor y veía bastantes caras conocidas del tren. Sólo unas horas rodeado de extraños y uno ya es capaz de asimilar sus rostros. Es curioso cómo cuando vas a visitar una ciudad acabas cruzándote a menudo con la misma gente que ha ido con el mismo fin que tú. Recorréis juntos un museo sin dirigiros la palabra pero ambos os sonáis mutuamente de algo.

Me fijé en un hombre con traje. Era el mismo que había examinado en el tren. Llevaba el mismo maletín. Me fijé porque dejó de caminar bruscamente para sacar su teléfono móvil de dentro de la chaqueta. Al hacer esto una pequeña tarjeta blanca cayó al suelo, pero él siguió caminando sin darse cuenta. Me acerqué a esa posición y, sin llamar mucho la atención, me agaché y recogí la tarjeta. Levanté la cabeza pero no vi ni rastro del hombre con traje, así que no podía devolvérsela. Sólo tenía dos líneas escritas:

Torre Arena
27º 19:30

El nombre no me decía gran cosa, así que tocaba sacar información de los números. 19:30 tenía que ser una hora, no podía ser mucho más. En cuanto a 27º... ¿una temperatura...?

Mi pensamiento quedó interrumpido porque alguien se tropezó conmigo. Todavía no me había incorporado del todo después de recoger la tarjeta, pero no creo que estuviera tan escondido para no ser visto.

-¡Oh, perdona! No te había visto.

¡No era posible! Era la misma chica que me había estado mirando en el tren (bueno, a lo mejor). Tenía un móvil en su mano izquierda con el que parecía que había estado hablando, pero lo cerró y lo guardó sin despedirse de nadie.

-Soy Gina Northwood. ¿Cómo te llamas tú?

Caray, qué pregunta más directa. Al final va a ser que viajaba sola, aunque ni siquiera llevaba equipaje. No me hace mucha gracia dar mi información a desconocidos, pero dado que ella había mostrado confianza me tocaba mostrarla a mi también. No se podía tratar de una trampa.

-Yo soy Jeff, Jeff Lems. Encantado.
-¿Qué es eso que tienes en las manos?

Debía parecer extraño. Después del golpe y todo el lío todavía estaba casi de cuclillas en el suelo sosteniendo la tarjeta sin descifrar. Estuve a punto de decirle que era una larga historia, pero recordando que justamente no tenía ninguna historia me pareció demasiado irónico para decirlo en voz alta.

-Es difícil de explicar.- dije tras incorporarme finalmente.
-¿Es una especie de mensaje en clave?
-Para nosotros sí. Para alguien debía contener toda la información que necesitara.

Gina cogió la tarjeta de mis manos y la leyó.

-¡Yo sé dónde está la Torre Arena!

Vaya, qué oportuno.

-¿En serio? ¿Es un sitio real?
-Claro. No eres de aquí, ¿verdad? Te sonaría de algo el nombre.
-Ya, supongo. ¿Crees que podría llegar allí antes de las siete y media?
-Bueno, si sabes moverte rápido por la ciudad es posible. Está en las afueras y tiene un mirador enorme desde el que lo puedes ver casi todo. Puedo acompañarte si quieres.

No me hacía mucha gracia la idea de asociarme un acompañante, pero ella parecía conocer el lugar y yo no quería perderme la cita que anunciaba la tarjeta.

-Está bien. Si realmente no te importa, salgamos cuanto antes.
-¿No te molestará la maleta?
-¡Qué va! Apenas tengo cosas dentro.
-Bien. Salgamos de la estación por ahí.

Max Planck

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Max Planck. No sé si habréis oído hablar de este señor. Hasta hace una semana para mí significaba sólo el nombre de alguien que sacó una constante universal para calcular la energía de un fotón, pero esta semana he aprendido tantas cosas relacionadas con el trabajo de este hombre en tan diversas fuentes sin relación ninguna que he decidido juntar todo lo que sé ahora aquí.

Para empezar me ha parecido enormemente curioso que al abrir el navegador de internet para escribir esta entrada se ha abierto Google y la imagen que tenía era la siguiente:


Este doodle simboliza el aniversario del nacimiento de Niels Bohr. Bohr es sumamente conocido por sus teorías sobre la estructura atómica, que los electrones se ordenan en capas alrededor del núcleo del átomo, etc... Sin embargo, la ecuación que se ve en el Doodle no es ni más ni menos que la que comentaba antes que sirve para calcular la energía del fotón a partir de su frecuencia, siendo h la llamada constante de Planck, que le dio a éste el Premio Nobel de Física cuatro años antes que a Bohr por su trabajo. Muy oportuno, Google...

Voy a desviarme un poco del tema para llegar a entender más lo que viene al final. Hablemos de temperaturas. Prácticamente todo el mundo sabe que existe un cero absoluto de temperaturas. Un punto en el que ya no queda nada de energía y todo está completamente quieto. Este punto equivale a 0 Kelvin o a -273.15 grados Celsius. Bien, si a partir de ahí empiezas a aportar energía, la energía cinética de las partículas se transforma en calor, aumentando poco a poco la temperatura.

Chachi, pero... ¿existe un límite superior de temperaturas? ¿se puede aportar energía infinitamente hasta llegar a una temperatura infinita? ¿cómo de caliente se pueden poner las cosas?

El Sol está bastante caliente, ¿no? En su superficie, la temperatura es de 5500 grados Celsius. Pero en su centro, donde la fusión ocurre, la temperatura es ridícula. Pueden llagar a conseguirse temperaturas de 15 millones Kelvin (15,000,000 K). [A estas alturas, la diferencia entre grados Celsius y Kelvin es bastante despreciable, así que si no sabéis convertir Kelvin a grados Celsius imaginad que a partir de ahora cada vez que diga Kelvin son grados Celsius, porque voy a dar todos los valores en Kelvin.]

Bueno, 15 millones Kelvin dan para mucha energía. De hecho, pensando que el Sol está a casi 150 millones de kilómetros de nuestro planeta, sorprende saber que esa energía que irradia es capaz de llegar tan lejos hasta nosotros para aportarnos calor. De hecho, si se te ocurriera calentar la cabeza de un clavo a esa temperatura, la energía que irradiaría lo destruiría todo a 1500 kilómetros a la redonda.

¿Y dónde entra Planck en todo esto? Espera un poco, ya casi estamos.

Hablando de energías, todo objeto que se encuentre por encima del cero absoluto de temperaturas emite cierta radiación electromagnética debida a la transmisión de calor por radiación. Esa energía que emite nos da información sobre la temperatura de ese objeto. Nosotros no emitimos esa radiación en el espectro visible, pero lo hacemos en el entorno infrarrojo. De modo que nuestro ojo no es capaz de varla, pero las cámaras de infrarrojos sí que pueden.

Para conseguir que un objeto emita luz en el espectro visible tendrás que aumentar su temperatura hasta lo que se conoce como el punto Draper (798 K ó 525 ºC). Es por eso que la lava incandescente o el acero fundido emiten una luz rojiza.

Se puede calcular la longitud de onda que emite un objeto si conocemos su temperatura, de forma que a medida que se aumenta la temperatura, la longitud de onda emitida se hace cada vez más pequeña (la longitud de onda es inversamente proporcional a la energía, así que menos longitud de onde implica más energía).

Volviendo un momento al Sol, la temperatura en su centro no está ni cerca de ser la temperatura más alta del universo. Por ejemplo, el pico de temperatura alcanzado durante una explosión nuclear es de trescientos cincuenta millones Kelvin (350,000,000 K), aunque no cuenta del todo porque esa temperatura se alcanza en un tiempo diminuto.

En el centro de una estrella ocho veces más grande que nuestro Sol, en su último día de vida, cuando colapsa en sí misma, es capaz de alcanzar una temperatura de 3 mil millones Kelvin (3,000,000,000 K o 3 GigaKelvin).

En Suiza, ciéntificos del CERN han conseguido colisionar protones en núcleos de átomos, alcanzando temperaturas entre 2 y 13 ExaKelvin (2,000,000,000,000,000,000 K). Pero estamos bien porque esa energía no dura apenas nada y sólo involucra a unas pocas partículas.

Vale, pues ahora toca meter a Planck en todo esto. Max Planck es considerado como el fundador de la mecánica cuántica, que no está nada mal. ¿Recordáis que hace poco comenté lo jefe que era Newton por inventar el cálculo infinitesimal para resolver sus problemas? Pues no sabría decir quién de estos dos es más "badass".

Lo más "badass" que hizo Planck al establecer la teoría cuántica fue crear el sistema de unidades de Planck, con el que básicamente puso límites al universo. Estas unidades las consiguió simplificando algunas constantes universales y calculando entonces las unidades básicas del universo.

De forma que tendríamos la Temperatura de Planck. La Temperatura de Planck es igual a 1,41E32 K (141,000,000,000,000,000,000,000,000,000,000 K) y es la temperatura más alta que se podría alcanzar en el universo. La radiación que emitiría de la forma que he explicado antes tendría una longitud de onda de 1.616E-35 metros (0.00000000000000000000000001616 nanometros), que de nuevo, según el trabajo de Planck, sería la distancia más pequeña posible en nuestro universo, la Distancia de Planck.

¿Entonces qué ocurriría si aportáramos un poquito más de energía, sólo un Kelvin más? ¿No conseguiríamos  una temperatura mayor del límite y una distancia menor que la más pequeña posible y nos cargaríamos el universo?

Pues ahí tenemos un problema. Por encima de la Temperatura de Planck, las teorías no funcionan bien. Tendrías algo más caliente... que la... Temperatura. Sería tan caliente que lo que sea no sería considerado temperatura. Teóricamente, no existe límite a la cantidad de energía que se puede aplicar a un sistema. Simplemente no se sabe qué podría ocurrir si se sobrepasara la Temperatura de Planck.

Aparte, Planck estipuló el Tiempo de Planck (5.39E-44 segundos), que equivale al tiempo que tardaría un fotón viajando a la velocidad de la luz en el vacío en recorrer la Distancia de Planck.

También fijó la Carga de Planck y la Masa de Planck (2.18E-8 kg), que sería la cantidad de masa que habría en una esfera de radio igual a la Distancia de Planck que tuviera la misma densidad que el mismísimo universo cuando tenía la edad del Tiempo de Planck.

Espero no haber reventado cerebros con esto.


"Historias" 02

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Los detalles. Siempre los detalles. Forman parte de mi estilo, y probablemente mi éxito resida en que gusten esos detalles. Son clave para introducirse en la escena. Dan esa pequeña información aparentemente sin importancia que te hace pensar si el que lo cuenta realmente estuvo ahí para fijarse en ellos. Cuantos más detalles, más completo y real es el escenario.

Pero fijarse en los detalles no es fácil, requiere bastante práctica. Primero hay que empezar con cosas sencillas y no muy cargadas para después, avanzando progresivamente, llegar a cosas más complejas y, al alcanzar la maestría, entonces es cuando se está preparado para sacar conclusiones a partir de los detalles. Hagamos un ejemplo ahora mismo, yendo del nivel más básico al más avanzado.

El asiento que tengo enfrente de mi tiene un recubrimiento de color azul y en la parte inferior hay una rejilla con algunos folletos y revistas de medidas de seguridad y publicidad de la compañía de tren. No hay ningún apoyo para los pies debajo del asiento. Si me hubiera encontrado subido al tren sin ningún recuerdo de cómo llegué aquí tendría bastante información. Con todo esto podría deducir que no viajo en primera clase y si examinara bien la revista podría acabar suponiendo a dónde me dirijo, o al menos dejar un número reducido de posibles destinos.

Asomo la cabeza por el pasillo y... un momento... ¿esa chica me estaba mirando? En fin, asomo la cabeza y visualizo todo el pasillo. Empiezo a contar una a una las filas de asientos hasta llegar a la mía. Uno, dos, tres, cuatro,... ¡otra vez! juraría que me estaba mirando a mí. Me salen trece filas. Alzo la vista para ver el número del asiento impreso en el portaequipajes al otro lado del pasillo y corroboro mi cuenta. "13 A-B" indica la pegatina, así que de esto podría sacar dos cosas. Primero, todavía tengo la capacidad de contar de uno en uno y, segundo, las pegatinas del tren son de fiar. Estas conclusiones no son gran cosa, pero no se puede sacar mucho de lo trivial. Podría observar un rato el paisaje, pero no estoy al lado de la ventanilla y no vería muy bien.

Ahora que ha quedado claro el mecanismo y he calentado un poco podemos pasar a un nivel superior: las personas. Las personas ofrecen infinidad de detalles, pero hay que saber verlos. No a todo el mundo le hace gracia ser observado fijamente, así que hay que ser un poco sutil y actuar con disimulo. Por ejemplo, no podría sacar mucho del hombre que tengo a mi lado, distraído mirando por la ventanilla, porque se sobresaltaría si me descubriera examinándole y tampoco hemos entablado más confianza que la de un saludo al sentarnos juntos. Abrir una conversación a estas alturas del trayecto sería extraño. De todos modos, mi posición es más o menos privilegiada para observar a los demás, o por lo menos a los que están sentados en el lado del pasillo como yo. ¡Otra vez me estaba mirando esa chica! Creo que voy a tener que empezar con ella.

Como he comprobado que las pegatinas de los asientos son de fiar sé que está sentada en la fila nueve, en el mismo lado que yo. ¿Por qué razón estaría mirando tanto hacia atrás? En un ataque de ego personal he pensado que me estaba mirando a mí, pero no tiene sentido que lo haya hecho tantas veces. Tiene que haber otro motivo. Tal vez quiera ir al baño y esté esperando a que esté vacío. Hmm, está sentada al lado de un chico. Posiblemente sea su novio, los dos parecen más jóvenes que yo. Maldita sea, no consigo nada de detalle desde mi sitio. Unas caricias o unas palabras al oído entre ellos me darían la razón, pero no puedo saberlo.

Esto está resultando un tanto frustrante, voy a cambiar de objetivo. Al fondo veo asientos para cuatro personas. Uno de ellos está ocupado por un niño pequeño y enfrente de él hay una señora bastante mayor. Yo diría que es su abuela. Sin embargo, el niño está hablando con alguien que está sentado al otro lado del pasillo. Seguramente sean sus padres, por lo que se tratará de una especie de vacaciones en familia.

¡Oh, esto sí que es curioso! Un poco más cerca, sobre la fila cinco, hay un hombre trajeado y lleva un maletín en sus manos. Podía haberlo dejado en el portaequipajes que tiene encima pero eso le debió parecer demasiado arriesgado. Lo más seguro es que dentro del maletín haya algo frágil, como un portátil o algo electrónico que haya que tratar con cuidado. Lo que está claro es que para él tiene suficiente valor como para no soltarlo de las manos durante el viaje.

Sí, ha sido un fracaso de experimento. ¿Pero qué podía esperar? No se puede descubrir al ladrón de las joyas si nadie ha robado joyas. Además, mi posición me limitaba bastante para ver las cosas. Tendré que practicar un poco más estos días. De momento he visto bastante de esta escena. Voy a cerrar los ojos hasta que el tren llegue a su destino.

The Highest Flight

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He aquí la primera letra que escribí jamás, hace ya más de tres años.

Hace unos meses hablé en este blog de la música y comenté su característica de almacenar recuerdos y transportar emociones a través del tiempo.

Esta canción también habla de la música y comenta otra gran característica de ella. El título se refiere al estado que puedes sentir al estar bajo el efecto de las drogas, algo así como "el gran colocón". Entonces trata de comparar la euforia y energía que es capaz de transmitir la música con la que te puede aportar una droga, solo que mucho más sano.

Así que aquí tenéis una canción sobre la música para que oigáis hablar de música mientras escucháis música. Musicception.



I love all around me
When music surrounds me
I fear the silence
It makes me feel lonely
When luck is on my side
The problems are all gone
There's nothing to worry about
And I feel free.

Energy flows on me
I feel powerful
Almighty, that is me
When the melody starts
Cause music is the
only drug in my life.

Notes are flowing into my head
I'm excited and satisfied
I can't stop it, I want more of it
I'm just having the highest flight.

Nights are going passing by
It's the music who RULES MY SYSTEM!
I can't stop it, I want more of it
It's the music who RULES MY SYSTEM!
Notes are flowing into my head
It's the music who RULES MY SYSTEM!
I can't stop it, I want more of it
I'm just having THE HIGHEST FLIGHT!

"Historias" 01

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Todo empezó en un tren.

Salía a la búsqueda de historias. Nada me llamaba a hacer ese viaje, simplemente la esperanza de encontrar lo que necesitaba. No hago gran cosa, me dedico a escribir. Paso un tiempo recluido, amoldando y retocando las historias que tengo y cuando las termino voy a publicarlas. Eso es lo que me da dinero y me da la capacidad de sobrevivir en esta sociedad. A veces gano bastante, a veces gano poco, y a veces ni gano. Eso es lo que determina mi existencia más próxima. Si no tengo mucho dinero no me queda más remedio que esforzarme y conseguir otra historia antes de agotar mis recursos. Lo malo de mis historias forzadas es que nunca figuran entre las mejores.

Por suerte, ahora mismo no estoy en ese caso. Mi última historia fue bastante provechosa y me he podido permitir unos meses de reposo. Aún así, empiezo a ver el fin de esta tranquilidad. Un viaje en tren significa sin duda acercar más ese fin, pero también implica potenciar la inspiración. De modo que es un riesgo que estoy dispuesto a tomar.

Alguien dijo una vez que las historias sólo les ocurren a aquellos que son capaces de contarlas. De la misma forma, las experiencias sólo les ocurren a aquellos capaces de vivirlas. Hasta hoy he contado bastantes historias, aunque no todas las viví personalmente. Esta vez busco una experiencia propia, algo que vivir para contarlo, aunque realmente prefiero dejarlo en manos del azar y que me ocurra lo que me tenga que ocurrir. Lo malo es que eso incluye la posibilidad de volver con las manos vacías, y eso no sería nada bueno.

Es curioso. Apuesto a que cada persona de este vagón tiene una historia, algo que contar si les preguntara qué hacen en el tren. Probablemente la mayoría serían irrelevantes e intrascendentes para la existencia humana, lo cual no tendría mucho éxito comercial. No es que esté pensando en robar la historia de otro, no soy un ladrón. Voy buscando la mía.

Pero ese es el asunto: mi historia es que no tengo historia.

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¡Saludos, gente curiosa!

El motivo de esta entrada es bien distinto a todo lo que haya podido haber antes en este blog.

Pretendo anunciar un tipo de entrada periódica que habrá próximamente aquí. Recientemente tuve una inspiración para una historia y la estoy convirtiendo en parábola, novela corta, relato corto no tan corto... no sé muy bien cómo clasificarla.

De hecho mi intención es dar el mínimo de información posible, pues quiero que os enfrentéis a ello totalmente como un plato frío que hay encima de la mesa y que lo vayáis descubriendo poco a poco hasta que lo digiráis por completo.

Lo único que puedo decir de momento es que, si todo va bien, cada viernes en este blog habrá una parte nueva de este relato que tengo en mente.

El objetivo de poner este horario es motivarme para escribirlo. Llevo más de un mes con la idea pero lo voy retrasando constantemente. Si siento un poco de presión por haberme puesto fecha de entrega me aseguro de que al menos voy a sacar algo de la idea, que es bastante mejor que dejarlo como nada.

Así que ya sabéis. Si queréis seguir el proyecto personal más grande que probablemente haya creado no tenéis más que hacer una visita semanal por aquí.

Sed buenos, lavaos el pelo y nos veremos próximamente.

Surrealismo universal

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No siempre es necesario irse a otros universos para vivir experiencias surrealistas y extrañas.

Eso es lo que pensé el otro día al recordar una cosa que me ocurrió hace un poco más de un año. Yo tenía 18 años, a punto de cumplir 19, y estaba caminando por el centro.

De repente una mujer me hizo una señal para que parara y me preguntó si tenía más de 18 años. Le dije que sí, y ya que faltaba poco para mi cumpleaños le dije que tenía 19. ¿Qué más daba?

Después me preguntó si tenía un poco de tiempo para hacerme una encuesta. Yo ya había hecho todo lo que tenía que hacer en el centro y estaba a punto de coger una bici para irme a mi casa, así que dije que vale, que no me importaba.

Entonces nos metimos en un edificio que me dio la impresión de ser un hotel. ¡Pero menudo hotel! El pasillo de la planta baja estaba abarrotada de lámparas y adornos dorados, había espejos por todas las paredes y el suelo estaba cubierto por una gran gran alfombra roja. Desde fuera jamás hubiera imaginado que el interior pudiera ser así. Fuimos hasta el final del pasillo, donde había un ascensor, y subimos al primer piso (o tal vez al cuarto, no lo recuerdo muy bien).

El ascensor daba directamente a una sala enorme, como un salón de restaurante gigantesco, solo que habían retirado todas las mesas excepto unas pocas en las que había gente sentada. La mujer que me había reclutado me asignó una mesa en la que había otra mujer sentada y ésta me contó de qué iba el asunto.

Al parecer ciertas empresas de bebidas alcohólicas estaban pensando en lanzar al mercado nuevas bebidas y estaban haciendo encuestas a la gente para ver si tendrían éxito comercial. Había seis bebidas nuevas, de las cuales yo iba a probar tres al azar.

Empezó a pedirme los datos personales. Mi nombre y apellidos, dirección, número de teléfono, etc... Pero cuando me preguntó la edad me paré a pensar. Antes había dicho 19, pero ahora me parecía todo más serio como para mentir, así que dije la verdad. Al decir mi verdadera edad vi una expresión extraña en la mujer que me había cogido en la calle. Se sentía bastante engañada, y apuesto a que incluso empezó a dudar que fuera mayor de edad. Pero no dijo nada y se lo agradezco.

Tras responder otras preguntas generales sobre mí y sobre el consumo habitual de alcohol que tengo me prepararon la primera copa. Llegado a este punto tengo que decir que esta no era ni la primera ni la segunda vez que me hacían una encuesta de este tipo. Y con la experiencia sentía que en esos momentos mi opinión era realmente relevante y servía para algo, así que trataba de ser lo más sincero posible y no me callaba nada.

Primero me preguntaron si me transmitía alegría el aspecto del cubata (antes de probarlo). Le dije que no. Tenía un color parecido al de un melocotón apagado. No llamaba mucho la atención. Después me dijo que lo probara. Le pegué un trago y... ¡Joder! ¡Estaba asqueroso! Nunca me dijeron qué tenía lo que me daban (o tal vez sí, pero no lo recuerdo muy bien), pero aquél cubata no me gustó nada.

Seguí contestando más preguntas sobre esa bebida (¿compraría esta bebida?, ¿se la recomendaría a sus amigos?, etc...), pegando algún sorbo en algún momento para recordar el gusto exacto que tenía, y al acabar me prepararon la segunda copa.

Ésta fue un poco mejor que la otra. Me gustó más y le pegué más sorbos que antes. Respondí las mismas preguntas que me habían hecho con el primero. Los efectos del alcohol empezaban a hacer efecto y creo que empezaron a afectar a mi sentido crítico.

El tercer cubata que me trajeron fue un mojito. Lo interesante del asunto es que era de una empresa que no hacía mojitos y quería probar a hacerlos.

Le pegué el primer trago y me preguntaron si me había gustado. Mi respuesta fue: "Espera que lo pruebe otra vez". La mujer que iba preparando las copas dijo "Uuuy. Éste ya va tocado", a lo que me giré y le dije "¡Eh! Que todavía voy bien".

Terminé la encuesta bien, me dieron un vale descuento para El Corte Inglés y, antes de irme, la mujer me sacó un papel que tenía que firmar. Me dijo que ya que había consumido alcohol, eso era una especie de justificante de que lo había hecho por voluntad propia y que bajo mi propia responsabilidad no iba a conducir un vehículo ni a manejar maquinaria pesada en las siguientes horas. Al explicármelo dije "Genial, porque no he venido en coche" y me acerqué el papel para firmarlo mientras aclaraba "Me voy en bici".

La mujer puso cara de alarma y me sujetó el papel para que no lo firmara todavía. "No, no puedes ir en bici tampoco". "¿Cómo que no puedo ir en bici? Si voy bien". En esa época viví mi máximo exponente de moverme en bicicleta, así que prohibírmelo era una afrenta bastante personal. "Ya, pero si te pararan o algo nos meterías en problemas". Lo pensé un momento. "Vaaale, me iré andando". Y me cedió el papel para firmar.

Entonces la mujer que me cogió en la calle me volvió a acompañar al ascensor y bajamos del cuarto piso (o del primero, no lo recuerdo muy bien) y me dejó en la puerta de aquel edificio.

De repente me acogió una extraña sensación. Me encontraba exactamente en el mismo lugar que media hora antes. Ya debería haber llegado a casa, pero seguía allí, había empezado a oscurecer y tenía cierta euforia alcohólica. Era difícil de entender lo que me había ocurrido. Parecía como si el tiempo hubiera decidido avanzar sin mí durante ese rato, como si hubiera logrado separarme de él.

Dejé de darle vueltas al asunto, cogí una bici y volví a casa.


Trolling

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Si alguna vez tenéis una afrenta personal contra una carnicería y planeáis vengaros pero no sabéis cómo os doy una pequeña idea para sembrar el caos:

Id a la carnicería y fijáos en el número por el que están atendiendo (supongamos para los cálculos que van por el 53). Id a coger número vosotros y mirad qué número es (supongamos que es el 57).
El siguiente paso es arrancar muchos, muchos números. Esos rollos son enormes y cuando pasan del 99 vuelven al 00, así que para hacer esto bien habría que arrancar hasta el número que están atendiendo en ese momento (en este ejemplo es el 53, de forma que el siguiente número que se cogería es el 54).

Si sois capaces de hacer ese paso sin ser descubiertos sois unos auténticos maestros del disimulo.

Ahora sólo falta esperar a que el caos llegue él solo. Pueden ocurrir varias cosas:

La primera opción es que alguien entre a la carnicería y coja un número. Cuando vayan a atender al siguiente dirán "¡54!" y dos personas se verán forzadas a pelear entre ellas por el derecho a ser atendidas ante los ojos atónitos del carnicero. Con suerte el evento se repetirá para el 55, 56 y 57.

Lo segundo es que nadie entre en la carnicería antes de que pasen al 54. Ésto es mucho más rallante para el cliente y el carnicero. El cliente cogerá el número y, si van por el 55, se dará cuenta de que faltan 99 números para que le atiendan. El carnicero pasará al 58 y nadie dirá nada aunque esté ese cliente solo. Entonces le enseñará el número al carnicero y su mente explotará al no entender qué está ocurriendo.

O probablemente piense que es por culpa del imbécil ese que cinco minutos antes salió de la carnicería con las manos llenas de papelitos.


¡SILENCIO!

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He aquí una idea para un sketch:

Hay una reunión de ejecutivos en una empresa. Todo normal salvo por el hecho de que son todos sordomudos.

El director está de pie, liderando la reunión, mientras habla por gestos a la vez que aparecen subtítulos en la parte de abajo.
Entonces un par de personas de la reunión empiezan a hablar entre ellas (por gestos, naturalmente).
El director se da cuenta y deja de hablar de negocios para decir que se callen, que están molestando.
Los que están hablando no se fijan en el director y siguen hablando entre ellos, pero los demás sí que lo ven y ante la situación deciden hablar entre ellos también.

El sketch termina con el director cabreadísimo gritando que todo el mundo se calle y amenazándoles con despedirles, pero nadie le hace caso.

Durante toda la escena no se escucha un sólo sonido.