Category : Relatos
Time: 12:00
Todo empezó en un tren.
Salía a la búsqueda de historias. Nada me llamaba a hacer ese viaje, simplemente la esperanza de encontrar lo que necesitaba. No hago gran cosa, me dedico a escribir. Paso un tiempo recluido, amoldando y retocando las historias que tengo y cuando las termino voy a publicarlas. Eso es lo que me da dinero y me da la capacidad de sobrevivir en esta sociedad. A veces gano bastante, a veces gano poco, y a veces ni gano. Eso es lo que determina mi existencia más próxima. Si no tengo mucho dinero no me queda más remedio que esforzarme y conseguir otra historia antes de agotar mis recursos. Lo malo de mis historias forzadas es que nunca figuran entre las mejores.
Por suerte, ahora mismo no estoy en ese caso. Mi última historia fue bastante provechosa y me he podido permitir unos meses de reposo. Aún así, empiezo a ver el fin de esta tranquilidad. Un viaje en tren significa sin duda acercar más ese fin, pero también implica potenciar la inspiración. De modo que es un riesgo que estoy dispuesto a tomar.
Alguien dijo una vez que las historias sólo les ocurren a aquellos que son capaces de contarlas. De la misma forma, las experiencias sólo les ocurren a aquellos capaces de vivirlas. Hasta hoy he contado bastantes historias, aunque no todas las viví personalmente. Esta vez busco una experiencia propia, algo que vivir para contarlo, aunque realmente prefiero dejarlo en manos del azar y que me ocurra lo que me tenga que ocurrir. Lo malo es que eso incluye la posibilidad de volver con las manos vacías, y eso no sería nada bueno.
Es curioso. Apuesto a que cada persona de este vagón tiene una historia, algo que contar si les preguntara qué hacen en el tren. Probablemente la mayoría serían irrelevantes e intrascendentes para la existencia humana, lo cual no tendría mucho éxito comercial. No es que esté pensando en robar la historia de otro, no soy un ladrón. Voy buscando la mía.
Pero ese es el asunto: mi historia es que no tengo historia.
¡Saludos, gente curiosa!
El motivo de esta entrada es bien distinto a todo lo que haya podido haber antes en este blog.
Pretendo anunciar un tipo de entrada periódica que habrá próximamente aquí. Recientemente tuve una inspiración para una historia y la estoy convirtiendo en parábola, novela corta, relato corto no tan corto... no sé muy bien cómo clasificarla.
De hecho mi intención es dar el mínimo de información posible, pues quiero que os enfrentéis a ello totalmente como un plato frío que hay encima de la mesa y que lo vayáis descubriendo poco a poco hasta que lo digiráis por completo.
Lo único que puedo decir de momento es que, si todo va bien, cada viernes en este blog habrá una parte nueva de este relato que tengo en mente.
El objetivo de poner este horario es motivarme para escribirlo. Llevo más de un mes con la idea pero lo voy retrasando constantemente. Si siento un poco de presión por haberme puesto fecha de entrega me aseguro de que al menos voy a sacar algo de la idea, que es bastante mejor que dejarlo como nada.
Así que ya sabéis. Si queréis seguir el proyecto personal más grande que probablemente haya creado no tenéis más que hacer una visita semanal por aquí.
Sed buenos, lavaos el pelo y nos veremos próximamente.
El motivo de esta entrada es bien distinto a todo lo que haya podido haber antes en este blog.
Pretendo anunciar un tipo de entrada periódica que habrá próximamente aquí. Recientemente tuve una inspiración para una historia y la estoy convirtiendo en parábola, novela corta, relato corto no tan corto... no sé muy bien cómo clasificarla.
De hecho mi intención es dar el mínimo de información posible, pues quiero que os enfrentéis a ello totalmente como un plato frío que hay encima de la mesa y que lo vayáis descubriendo poco a poco hasta que lo digiráis por completo.
Lo único que puedo decir de momento es que, si todo va bien, cada viernes en este blog habrá una parte nueva de este relato que tengo en mente.
El objetivo de poner este horario es motivarme para escribirlo. Llevo más de un mes con la idea pero lo voy retrasando constantemente. Si siento un poco de presión por haberme puesto fecha de entrega me aseguro de que al menos voy a sacar algo de la idea, que es bastante mejor que dejarlo como nada.
Así que ya sabéis. Si queréis seguir el proyecto personal más grande que probablemente haya creado no tenéis más que hacer una visita semanal por aquí.
Sed buenos, lavaos el pelo y nos veremos próximamente.
Category : Personal
Time: 11:56
No siempre es necesario irse a otros universos para vivir experiencias surrealistas y extrañas.
Eso es lo que pensé el otro día al recordar una cosa que me ocurrió hace un poco más de un año. Yo tenía 18 años, a punto de cumplir 19, y estaba caminando por el centro.
De repente una mujer me hizo una señal para que parara y me preguntó si tenía más de 18 años. Le dije que sí, y ya que faltaba poco para mi cumpleaños le dije que tenía 19. ¿Qué más daba?
Después me preguntó si tenía un poco de tiempo para hacerme una encuesta. Yo ya había hecho todo lo que tenía que hacer en el centro y estaba a punto de coger una bici para irme a mi casa, así que dije que vale, que no me importaba.
Entonces nos metimos en un edificio que me dio la impresión de ser un hotel. ¡Pero menudo hotel! El pasillo de la planta baja estaba abarrotada de lámparas y adornos dorados, había espejos por todas las paredes y el suelo estaba cubierto por una gran gran alfombra roja. Desde fuera jamás hubiera imaginado que el interior pudiera ser así. Fuimos hasta el final del pasillo, donde había un ascensor, y subimos al primer piso (o tal vez al cuarto, no lo recuerdo muy bien).
El ascensor daba directamente a una sala enorme, como un salón de restaurante gigantesco, solo que habían retirado todas las mesas excepto unas pocas en las que había gente sentada. La mujer que me había reclutado me asignó una mesa en la que había otra mujer sentada y ésta me contó de qué iba el asunto.
Al parecer ciertas empresas de bebidas alcohólicas estaban pensando en lanzar al mercado nuevas bebidas y estaban haciendo encuestas a la gente para ver si tendrían éxito comercial. Había seis bebidas nuevas, de las cuales yo iba a probar tres al azar.
Empezó a pedirme los datos personales. Mi nombre y apellidos, dirección, número de teléfono, etc... Pero cuando me preguntó la edad me paré a pensar. Antes había dicho 19, pero ahora me parecía todo más serio como para mentir, así que dije la verdad. Al decir mi verdadera edad vi una expresión extraña en la mujer que me había cogido en la calle. Se sentía bastante engañada, y apuesto a que incluso empezó a dudar que fuera mayor de edad. Pero no dijo nada y se lo agradezco.
Tras responder otras preguntas generales sobre mí y sobre el consumo habitual de alcohol que tengo me prepararon la primera copa. Llegado a este punto tengo que decir que esta no era ni la primera ni la segunda vez que me hacían una encuesta de este tipo. Y con la experiencia sentía que en esos momentos mi opinión era realmente relevante y servía para algo, así que trataba de ser lo más sincero posible y no me callaba nada.
Primero me preguntaron si me transmitía alegría el aspecto del cubata (antes de probarlo). Le dije que no. Tenía un color parecido al de un melocotón apagado. No llamaba mucho la atención. Después me dijo que lo probara. Le pegué un trago y... ¡Joder! ¡Estaba asqueroso! Nunca me dijeron qué tenía lo que me daban (o tal vez sí, pero no lo recuerdo muy bien), pero aquél cubata no me gustó nada.
Seguí contestando más preguntas sobre esa bebida (¿compraría esta bebida?, ¿se la recomendaría a sus amigos?, etc...), pegando algún sorbo en algún momento para recordar el gusto exacto que tenía, y al acabar me prepararon la segunda copa.
Ésta fue un poco mejor que la otra. Me gustó más y le pegué más sorbos que antes. Respondí las mismas preguntas que me habían hecho con el primero. Los efectos del alcohol empezaban a hacer efecto y creo que empezaron a afectar a mi sentido crítico.
El tercer cubata que me trajeron fue un mojito. Lo interesante del asunto es que era de una empresa que no hacía mojitos y quería probar a hacerlos.
Le pegué el primer trago y me preguntaron si me había gustado. Mi respuesta fue: "Espera que lo pruebe otra vez". La mujer que iba preparando las copas dijo "Uuuy. Éste ya va tocado", a lo que me giré y le dije "¡Eh! Que todavía voy bien".
Terminé la encuesta bien, me dieron un vale descuento para El Corte Inglés y, antes de irme, la mujer me sacó un papel que tenía que firmar. Me dijo que ya que había consumido alcohol, eso era una especie de justificante de que lo había hecho por voluntad propia y que bajo mi propia responsabilidad no iba a conducir un vehículo ni a manejar maquinaria pesada en las siguientes horas. Al explicármelo dije "Genial, porque no he venido en coche" y me acerqué el papel para firmarlo mientras aclaraba "Me voy en bici".
La mujer puso cara de alarma y me sujetó el papel para que no lo firmara todavía. "No, no puedes ir en bici tampoco". "¿Cómo que no puedo ir en bici? Si voy bien". En esa época viví mi máximo exponente de moverme en bicicleta, así que prohibírmelo era una afrenta bastante personal. "Ya, pero si te pararan o algo nos meterías en problemas". Lo pensé un momento. "Vaaale, me iré andando". Y me cedió el papel para firmar.
Entonces la mujer que me cogió en la calle me volvió a acompañar al ascensor y bajamos del cuarto piso (o del primero, no lo recuerdo muy bien) y me dejó en la puerta de aquel edificio.
De repente me acogió una extraña sensación. Me encontraba exactamente en el mismo lugar que media hora antes. Ya debería haber llegado a casa, pero seguía allí, había empezado a oscurecer y tenía cierta euforia alcohólica. Era difícil de entender lo que me había ocurrido. Parecía como si el tiempo hubiera decidido avanzar sin mí durante ese rato, como si hubiera logrado separarme de él.
Dejé de darle vueltas al asunto, cogí una bici y volví a casa.
Eso es lo que pensé el otro día al recordar una cosa que me ocurrió hace un poco más de un año. Yo tenía 18 años, a punto de cumplir 19, y estaba caminando por el centro.
De repente una mujer me hizo una señal para que parara y me preguntó si tenía más de 18 años. Le dije que sí, y ya que faltaba poco para mi cumpleaños le dije que tenía 19. ¿Qué más daba?
Después me preguntó si tenía un poco de tiempo para hacerme una encuesta. Yo ya había hecho todo lo que tenía que hacer en el centro y estaba a punto de coger una bici para irme a mi casa, así que dije que vale, que no me importaba.
Entonces nos metimos en un edificio que me dio la impresión de ser un hotel. ¡Pero menudo hotel! El pasillo de la planta baja estaba abarrotada de lámparas y adornos dorados, había espejos por todas las paredes y el suelo estaba cubierto por una gran gran alfombra roja. Desde fuera jamás hubiera imaginado que el interior pudiera ser así. Fuimos hasta el final del pasillo, donde había un ascensor, y subimos al primer piso (o tal vez al cuarto, no lo recuerdo muy bien).
El ascensor daba directamente a una sala enorme, como un salón de restaurante gigantesco, solo que habían retirado todas las mesas excepto unas pocas en las que había gente sentada. La mujer que me había reclutado me asignó una mesa en la que había otra mujer sentada y ésta me contó de qué iba el asunto.
Al parecer ciertas empresas de bebidas alcohólicas estaban pensando en lanzar al mercado nuevas bebidas y estaban haciendo encuestas a la gente para ver si tendrían éxito comercial. Había seis bebidas nuevas, de las cuales yo iba a probar tres al azar.
Empezó a pedirme los datos personales. Mi nombre y apellidos, dirección, número de teléfono, etc... Pero cuando me preguntó la edad me paré a pensar. Antes había dicho 19, pero ahora me parecía todo más serio como para mentir, así que dije la verdad. Al decir mi verdadera edad vi una expresión extraña en la mujer que me había cogido en la calle. Se sentía bastante engañada, y apuesto a que incluso empezó a dudar que fuera mayor de edad. Pero no dijo nada y se lo agradezco.
Tras responder otras preguntas generales sobre mí y sobre el consumo habitual de alcohol que tengo me prepararon la primera copa. Llegado a este punto tengo que decir que esta no era ni la primera ni la segunda vez que me hacían una encuesta de este tipo. Y con la experiencia sentía que en esos momentos mi opinión era realmente relevante y servía para algo, así que trataba de ser lo más sincero posible y no me callaba nada.
Primero me preguntaron si me transmitía alegría el aspecto del cubata (antes de probarlo). Le dije que no. Tenía un color parecido al de un melocotón apagado. No llamaba mucho la atención. Después me dijo que lo probara. Le pegué un trago y... ¡Joder! ¡Estaba asqueroso! Nunca me dijeron qué tenía lo que me daban (o tal vez sí, pero no lo recuerdo muy bien), pero aquél cubata no me gustó nada.
Seguí contestando más preguntas sobre esa bebida (¿compraría esta bebida?, ¿se la recomendaría a sus amigos?, etc...), pegando algún sorbo en algún momento para recordar el gusto exacto que tenía, y al acabar me prepararon la segunda copa.
Ésta fue un poco mejor que la otra. Me gustó más y le pegué más sorbos que antes. Respondí las mismas preguntas que me habían hecho con el primero. Los efectos del alcohol empezaban a hacer efecto y creo que empezaron a afectar a mi sentido crítico.
El tercer cubata que me trajeron fue un mojito. Lo interesante del asunto es que era de una empresa que no hacía mojitos y quería probar a hacerlos.
Le pegué el primer trago y me preguntaron si me había gustado. Mi respuesta fue: "Espera que lo pruebe otra vez". La mujer que iba preparando las copas dijo "Uuuy. Éste ya va tocado", a lo que me giré y le dije "¡Eh! Que todavía voy bien".
Terminé la encuesta bien, me dieron un vale descuento para El Corte Inglés y, antes de irme, la mujer me sacó un papel que tenía que firmar. Me dijo que ya que había consumido alcohol, eso era una especie de justificante de que lo había hecho por voluntad propia y que bajo mi propia responsabilidad no iba a conducir un vehículo ni a manejar maquinaria pesada en las siguientes horas. Al explicármelo dije "Genial, porque no he venido en coche" y me acerqué el papel para firmarlo mientras aclaraba "Me voy en bici".
La mujer puso cara de alarma y me sujetó el papel para que no lo firmara todavía. "No, no puedes ir en bici tampoco". "¿Cómo que no puedo ir en bici? Si voy bien". En esa época viví mi máximo exponente de moverme en bicicleta, así que prohibírmelo era una afrenta bastante personal. "Ya, pero si te pararan o algo nos meterías en problemas". Lo pensé un momento. "Vaaale, me iré andando". Y me cedió el papel para firmar.
Entonces la mujer que me cogió en la calle me volvió a acompañar al ascensor y bajamos del cuarto piso (o del primero, no lo recuerdo muy bien) y me dejó en la puerta de aquel edificio.
De repente me acogió una extraña sensación. Me encontraba exactamente en el mismo lugar que media hora antes. Ya debería haber llegado a casa, pero seguía allí, había empezado a oscurecer y tenía cierta euforia alcohólica. Era difícil de entender lo que me había ocurrido. Parecía como si el tiempo hubiera decidido avanzar sin mí durante ese rato, como si hubiera logrado separarme de él.
Dejé de darle vueltas al asunto, cogí una bici y volví a casa.
Si alguna vez tenéis una afrenta personal contra una carnicería y planeáis vengaros pero no sabéis cómo os doy una pequeña idea para sembrar el caos:
Id a la carnicería y fijáos en el número por el que están atendiendo (supongamos para los cálculos que van por el 53). Id a coger número vosotros y mirad qué número es (supongamos que es el 57).
El siguiente paso es arrancar muchos, muchos números. Esos rollos son enormes y cuando pasan del 99 vuelven al 00, así que para hacer esto bien habría que arrancar hasta el número que están atendiendo en ese momento (en este ejemplo es el 53, de forma que el siguiente número que se cogería es el 54).
Si sois capaces de hacer ese paso sin ser descubiertos sois unos auténticos maestros del disimulo.
Ahora sólo falta esperar a que el caos llegue él solo. Pueden ocurrir varias cosas:
La primera opción es que alguien entre a la carnicería y coja un número. Cuando vayan a atender al siguiente dirán "¡54!" y dos personas se verán forzadas a pelear entre ellas por el derecho a ser atendidas ante los ojos atónitos del carnicero. Con suerte el evento se repetirá para el 55, 56 y 57.
Lo segundo es que nadie entre en la carnicería antes de que pasen al 54. Ésto es mucho más rallante para el cliente y el carnicero. El cliente cogerá el número y, si van por el 55, se dará cuenta de que faltan 99 números para que le atiendan. El carnicero pasará al 58 y nadie dirá nada aunque esté ese cliente solo. Entonces le enseñará el número al carnicero y su mente explotará al no entender qué está ocurriendo.
O probablemente piense que es por culpa del imbécil ese que cinco minutos antes salió de la carnicería con las manos llenas de papelitos.
Id a la carnicería y fijáos en el número por el que están atendiendo (supongamos para los cálculos que van por el 53). Id a coger número vosotros y mirad qué número es (supongamos que es el 57).
El siguiente paso es arrancar muchos, muchos números. Esos rollos son enormes y cuando pasan del 99 vuelven al 00, así que para hacer esto bien habría que arrancar hasta el número que están atendiendo en ese momento (en este ejemplo es el 53, de forma que el siguiente número que se cogería es el 54).
Si sois capaces de hacer ese paso sin ser descubiertos sois unos auténticos maestros del disimulo.
Ahora sólo falta esperar a que el caos llegue él solo. Pueden ocurrir varias cosas:
La primera opción es que alguien entre a la carnicería y coja un número. Cuando vayan a atender al siguiente dirán "¡54!" y dos personas se verán forzadas a pelear entre ellas por el derecho a ser atendidas ante los ojos atónitos del carnicero. Con suerte el evento se repetirá para el 55, 56 y 57.
Lo segundo es que nadie entre en la carnicería antes de que pasen al 54. Ésto es mucho más rallante para el cliente y el carnicero. El cliente cogerá el número y, si van por el 55, se dará cuenta de que faltan 99 números para que le atiendan. El carnicero pasará al 58 y nadie dirá nada aunque esté ese cliente solo. Entonces le enseñará el número al carnicero y su mente explotará al no entender qué está ocurriendo.
O probablemente piense que es por culpa del imbécil ese que cinco minutos antes salió de la carnicería con las manos llenas de papelitos.
Category : Sketchs
Time: 1:03
He aquí una idea para un sketch:
Hay una reunión de ejecutivos en una empresa. Todo normal salvo por el hecho de que son todos sordomudos.
El director está de pie, liderando la reunión, mientras habla por gestos a la vez que aparecen subtítulos en la parte de abajo.
Entonces un par de personas de la reunión empiezan a hablar entre ellas (por gestos, naturalmente).
El director se da cuenta y deja de hablar de negocios para decir que se callen, que están molestando.
Los que están hablando no se fijan en el director y siguen hablando entre ellos, pero los demás sí que lo ven y ante la situación deciden hablar entre ellos también.
El sketch termina con el director cabreadísimo gritando que todo el mundo se calle y amenazándoles con despedirles, pero nadie le hace caso.
Durante toda la escena no se escucha un sólo sonido.
Hay una reunión de ejecutivos en una empresa. Todo normal salvo por el hecho de que son todos sordomudos.
El director está de pie, liderando la reunión, mientras habla por gestos a la vez que aparecen subtítulos en la parte de abajo.
Entonces un par de personas de la reunión empiezan a hablar entre ellas (por gestos, naturalmente).
El director se da cuenta y deja de hablar de negocios para decir que se callen, que están molestando.
Los que están hablando no se fijan en el director y siguen hablando entre ellos, pero los demás sí que lo ven y ante la situación deciden hablar entre ellos también.
El sketch termina con el director cabreadísimo gritando que todo el mundo se calle y amenazándoles con despedirles, pero nadie le hace caso.
Durante toda la escena no se escucha un sólo sonido.
Category : Personal
Time: 23:51
Una vez al año, sobre ciertas fechas, me reúno con mis distintos "yos", con todos aquellos que en su momento decidieron acudir a la reunión. De este modo puedo tener contacto con el "yo" de 13 años, el "yo" de los 18 años, e incluso el "yo" de los 27 años.
Y cada año hago lo mismo, de forma que ha llegado a convertirse en una especie de ritual anual. Me dirijo al "yo" anterior a mi, le pongo la mano derecha sobre su hombro izquierdo y le digo Lo que te espera.
El caso es que siempre, justo antes de irme, viene alguien y hace exactamente lo mismo conmigo.
Y cada año hago lo mismo, de forma que ha llegado a convertirse en una especie de ritual anual. Me dirijo al "yo" anterior a mi, le pongo la mano derecha sobre su hombro izquierdo y le digo Lo que te espera.
El caso es que siempre, justo antes de irme, viene alguien y hace exactamente lo mismo conmigo.
Category : Curiosidades
Time: 16:32
¿Cuántas veces al día apretáis el ratón? ¿Y cuántas teclas de vuestro teclado pulsáis al día? La respuesta os sorprendería. Y si sentís curiosidad podéis utilizar software como WhatPulse, que os mide eso e incluso la distancia que habéis recorrido con el ratón.
Por supuesto, dependiendo del uso que le estéis dando a vuestro ordenador los resultados variarán de un día a otro, pero se ha estudiado que gente que utiliza el ordenador muy a menudo como oficinistas pulsan de media entre 5000 y 10000 teclas del teclado al día y pulsan el ratón entre 1500 y 3000 veces.
Estar sentado, usando el ordenador, escribiendo y moviendo el ratón quema 20 calorías por hora más que no hacer nada. Si no haces nada, aún usas calorías. Necesitas energía para existir. Tienes que mantener tu temperatura corporal, respirar, bombear sangre y, en algunas ocasiones, pensar. Si queréis saber cuánto es eso para vosotros coged vuestra masa corporal en kg y multiplicadla por 0.02. Obtendréis las calorías por minuto que consumís simplemente por existir.
Paralelamente, no sólo se escribe en teclados. También se escriben muchísimos mensajes de texto por el móvil al día, aproximadamente unos 6 mil millones. (6.000.000.000). ¡Y en la Tierra hay 7 mil millones de habitantes! Al día se escriben las obras completas de William Shakespeare 18000 veces en mensajes de texto.
Básicamente en cualquier idioma que contenga esa letra es la más utilizada. La letra E es el caracter más utilizado (un 9% del total), pero no es la tecla más pulsada. ¿Sabéis cuál es?
¡La barra espaciadora! Es más o menos el doble de veces pulsada que la letra E.
Ahora que sabemos de la popularidad de la barra espaciadora saquemos conclusiones curiosas. Suponiendo que haya 350 millones de personas en el mundo (como mínimo) que pulsan entre 5000 y 10000 teclas al día y añadiendo todos los mensajes de texto de los que he hablado antes, se puede determinar que en cualquier segundo dado aquí en la Tierra la barra espaciadora está siendo pulsada 6 millones de veces.
6 millones de barras espaciadoras en un mismo segundo. Qué mundo más fantástico, ¿no? Pongámoslo de esta manera. Se tarda una décima de segundo aproximadamente en pulsar la barra espaciadora, así que cada vez que tú la pulsas, estadísticamente hablando, 600.000 personas en todo el planeta hicieron eso justo a la vez que tú.
Así que si alguna vez os sentís muy solos, apretad la barra espaciadora y sabed que más de medio millón de personas están haciendo exactamente lo mismo que vosotros.
Por supuesto, dependiendo del uso que le estéis dando a vuestro ordenador los resultados variarán de un día a otro, pero se ha estudiado que gente que utiliza el ordenador muy a menudo como oficinistas pulsan de media entre 5000 y 10000 teclas del teclado al día y pulsan el ratón entre 1500 y 3000 veces.
Estar sentado, usando el ordenador, escribiendo y moviendo el ratón quema 20 calorías por hora más que no hacer nada. Si no haces nada, aún usas calorías. Necesitas energía para existir. Tienes que mantener tu temperatura corporal, respirar, bombear sangre y, en algunas ocasiones, pensar. Si queréis saber cuánto es eso para vosotros coged vuestra masa corporal en kg y multiplicadla por 0.02. Obtendréis las calorías por minuto que consumís simplemente por existir.
Paralelamente, no sólo se escribe en teclados. También se escriben muchísimos mensajes de texto por el móvil al día, aproximadamente unos 6 mil millones. (6.000.000.000). ¡Y en la Tierra hay 7 mil millones de habitantes! Al día se escriben las obras completas de William Shakespeare 18000 veces en mensajes de texto.
Esto es una escultura que muestra las teclas del teclado y la relación de frecuencia que tienen entre ellas, siendo las más frecuentes las que más se alejan del teclado. Para los más veteranos en este blog les tiene que parecer curioso que sea la letra E la más utilizada.
Básicamente en cualquier idioma que contenga esa letra es la más utilizada. La letra E es el caracter más utilizado (un 9% del total), pero no es la tecla más pulsada. ¿Sabéis cuál es?
¡La barra espaciadora! Es más o menos el doble de veces pulsada que la letra E.
Ahora que sabemos de la popularidad de la barra espaciadora saquemos conclusiones curiosas. Suponiendo que haya 350 millones de personas en el mundo (como mínimo) que pulsan entre 5000 y 10000 teclas al día y añadiendo todos los mensajes de texto de los que he hablado antes, se puede determinar que en cualquier segundo dado aquí en la Tierra la barra espaciadora está siendo pulsada 6 millones de veces.
6 millones de barras espaciadoras en un mismo segundo. Qué mundo más fantástico, ¿no? Pongámoslo de esta manera. Se tarda una décima de segundo aproximadamente en pulsar la barra espaciadora, así que cada vez que tú la pulsas, estadísticamente hablando, 600.000 personas en todo el planeta hicieron eso justo a la vez que tú.
Así que si alguna vez os sentís muy solos, apretad la barra espaciadora y sabed que más de medio millón de personas están haciendo exactamente lo mismo que vosotros.
A todo esto, mientras escribía esta entrada fui registrando las teclas que pulsaba y tal y el resultado es éste (contando hasta esta frase):
Teclas pulsadas: 3.385
Clicks de ratón: 396
Distancia recorrida: 28,65 metros
Además podéis ver el perfil de frecuencia de las teclas que he pulsado en el tiempo que escribía la entrada (no es lo único que he hecho, pero más o menos).
Category : Curiosidades
Time: 5:53
Sí, habéis leído bien el título. Es "Sacádicos". No "Psicóticos" ni "Satánicos" mal escrito.
Los movimientos sacádicos se refieren al rápido movimiento que ejercen los ojos cuando pasan de mirar un punto a otro. En serio, son muy rápidos. Duran entre 20 y 200 milisegundos, o entre 0.02 y 0.2 segundos. Si no alcanzáis a entender la rapidez de eso coged un cronómetro e intentad pararlo en menos de 20 milisegundos. Y si estáis perros y no queréis buscar un cronómetro podéis probar aquí. Después de un buen rato, lo mínimo que he conseguido yo han sido 73 milisegundos.
Bien, pues lo curioso de estos movimientos es que cuando nuestros ojos se mueven se observa una imagen borrosa que se mueve muy rápido (tan rápido como se puedan mover nuestros ojos) que va desde la imagen del punto A que estábamos viendo hasta la del punto B, que es el que queremos ver ahora.
Supongamos un movimiento sacádico que dure 100 milisegundos. Si dibujamos una línea temporal del movimiento tendríamos a tiempo 0 la imagen del punto A, a los 20 milisegundos una imagen borrosa, a los 40 milisegundos otra imagen borrosa, etc... Así, hasta llegar a los 100 milisegundos, donde está la imagen del punto B.
El problema es que nuestro cerebro es incapaz de interpretar esas imágenes borrosas, así que lo que el sistema visual hace es eliminar esas imágenes borrosas y reemplazarlas por lo siguiente que vemos: el punto B.
De modo que la línea temporal queda de la siguiente manera: A tiempo 0 está la imagen del punto A y desde ahí hasta el tiempo final (en este caso 100 milisegundos) está la imagen del punto B.
Esto lleva a una ilusión óptica curiosa conocida como la "ilusión del reloj parado". Probablemente lo hayáis experimentado antes si habéis estado en una clase o en una sala de espera con un reloj de agujas. Estáis echando miradas todo el rato al reloj, impacientes para que llegue cierta hora, y vuestros ojos van y vienen al reloj. Y ahí es cuando ocurre. En cuanto miráis el reloj, ese primer segundo que marca la aguja cuando vuestros ojos la miran parece más largo que todos los demás segundos que vienen después.
Repetís el movimiento y da la impresión de que el tiempo se ha parado, cuando lo que realmente ha ocurrido es que vuestro cerebro ha reemplazado el tiempo que os ha costado mirar el reloj por la imagen de lo primero que veis, que es el reloj. Así que, aparentemente, la manecilla de los segundos tarda un segundo en moverse más los milisegundos que tu cerebro haya reemplazado.
Si queréis comprobar lo que digo pero no tenéis un reloj con agujas cerca podéis utilizar este.
Otra demostración de este efecto es ponerse enfrente de un espejo y centrar la mirada en uno de los dos ojos. Rápidamente hay que cambiar la mirada al otro ojo y no serás capaz de ver tus ojos moverse. Sin embargo, sí eres capaz de ver cómo otra persona mueve los suyos.
Lo realmente estremecedor de todo esto es que ocurre todo el tiempo. Mientras observas el mundo de un punto a otro esa pequeña fracción de segundo en la que el globo ocular se está moviendo se pierde y tu cerebro simplemente lo reemplaza con lo que ves inmediatamente después.
Puede parecer una tontería, pues estábamos hablando de milisegundos hace un rato, pero a lo largo de un día se van sumando hasta llegar a casi 40 minutos.
40 minutos de cada día de nuestra vida los perdemos porque nuestros ojos se mueven.
Realmente curioso. Lo que más me fascina es la paradoja temporal que se crea. Volviendo a la línea temporal de antes, a los 20 milisegundos de movimiento sacádico estamos viendo algo que aún no deberíamos estar viendo. Algo para lo que todavía faltan 80 milisegundos para que ocurra. De algún modo, suena como a ver el futuro. Lo malo es que a escala de milisegundos no es muy emocionante.
Y si no es esto entonces significaría algo así como que nuestra conciencia y nuestra existencia no ocurren a la vez, pues al cerebro le da tiempo a modificar la existencia antes de que la veamos.
En otro orden de cosas, si estáis pensando en cambiar vuestra firma, firmad como jefes de verdad:
Los movimientos sacádicos se refieren al rápido movimiento que ejercen los ojos cuando pasan de mirar un punto a otro. En serio, son muy rápidos. Duran entre 20 y 200 milisegundos, o entre 0.02 y 0.2 segundos. Si no alcanzáis a entender la rapidez de eso coged un cronómetro e intentad pararlo en menos de 20 milisegundos. Y si estáis perros y no queréis buscar un cronómetro podéis probar aquí. Después de un buen rato, lo mínimo que he conseguido yo han sido 73 milisegundos.
Bien, pues lo curioso de estos movimientos es que cuando nuestros ojos se mueven se observa una imagen borrosa que se mueve muy rápido (tan rápido como se puedan mover nuestros ojos) que va desde la imagen del punto A que estábamos viendo hasta la del punto B, que es el que queremos ver ahora.
Supongamos un movimiento sacádico que dure 100 milisegundos. Si dibujamos una línea temporal del movimiento tendríamos a tiempo 0 la imagen del punto A, a los 20 milisegundos una imagen borrosa, a los 40 milisegundos otra imagen borrosa, etc... Así, hasta llegar a los 100 milisegundos, donde está la imagen del punto B.
El problema es que nuestro cerebro es incapaz de interpretar esas imágenes borrosas, así que lo que el sistema visual hace es eliminar esas imágenes borrosas y reemplazarlas por lo siguiente que vemos: el punto B.
De modo que la línea temporal queda de la siguiente manera: A tiempo 0 está la imagen del punto A y desde ahí hasta el tiempo final (en este caso 100 milisegundos) está la imagen del punto B.
Esto lleva a una ilusión óptica curiosa conocida como la "ilusión del reloj parado". Probablemente lo hayáis experimentado antes si habéis estado en una clase o en una sala de espera con un reloj de agujas. Estáis echando miradas todo el rato al reloj, impacientes para que llegue cierta hora, y vuestros ojos van y vienen al reloj. Y ahí es cuando ocurre. En cuanto miráis el reloj, ese primer segundo que marca la aguja cuando vuestros ojos la miran parece más largo que todos los demás segundos que vienen después.
Repetís el movimiento y da la impresión de que el tiempo se ha parado, cuando lo que realmente ha ocurrido es que vuestro cerebro ha reemplazado el tiempo que os ha costado mirar el reloj por la imagen de lo primero que veis, que es el reloj. Así que, aparentemente, la manecilla de los segundos tarda un segundo en moverse más los milisegundos que tu cerebro haya reemplazado.
Si queréis comprobar lo que digo pero no tenéis un reloj con agujas cerca podéis utilizar este.
Otra demostración de este efecto es ponerse enfrente de un espejo y centrar la mirada en uno de los dos ojos. Rápidamente hay que cambiar la mirada al otro ojo y no serás capaz de ver tus ojos moverse. Sin embargo, sí eres capaz de ver cómo otra persona mueve los suyos.
Lo realmente estremecedor de todo esto es que ocurre todo el tiempo. Mientras observas el mundo de un punto a otro esa pequeña fracción de segundo en la que el globo ocular se está moviendo se pierde y tu cerebro simplemente lo reemplaza con lo que ves inmediatamente después.
Puede parecer una tontería, pues estábamos hablando de milisegundos hace un rato, pero a lo largo de un día se van sumando hasta llegar a casi 40 minutos.
40 minutos de cada día de nuestra vida los perdemos porque nuestros ojos se mueven.
Realmente curioso. Lo que más me fascina es la paradoja temporal que se crea. Volviendo a la línea temporal de antes, a los 20 milisegundos de movimiento sacádico estamos viendo algo que aún no deberíamos estar viendo. Algo para lo que todavía faltan 80 milisegundos para que ocurra. De algún modo, suena como a ver el futuro. Lo malo es que a escala de milisegundos no es muy emocionante.
Y si no es esto entonces significaría algo así como que nuestra conciencia y nuestra existencia no ocurren a la vez, pues al cerebro le da tiempo a modificar la existencia antes de que la veamos.
En otro orden de cosas, si estáis pensando en cambiar vuestra firma, firmad como jefes de verdad:
Category : Ciencia
Time: 0:45
Para todos aquellos que estéis metidos en el mundo de la ciencia (o incluso si no lo estáis) os sonará el nombre de Sir Isaac Newton.
Habréis oido a vuestros profesores decir cosas buenas de él, y no les faltan razones.
Newton era jefe. El tío no podía resolver un problema y BAM, inventa el cálculo infinitesimal para resolverlo. Like a boss.
Además avanzó mucho en el campo de la óptica, creó las leyes newtonianas del movimiento, que son la base de la física clásica y explicaba la atracción que tenían los planetas entre sí, y unas cuántas cosas más.
Básicamente, si no fuera por los avances que hizo, la cómoda vida que disfrutamos hoy en día no sería así.
Y no es por desprestigiarle, pero si se dicen las cosas buenas también habría que decir las cosas malas. Esto nunca os lo dirá un profesor o un documental de ciencia. Voy a poner un fragmento del libro "A short history of nearly everything" de Bill Bryson (autor del que hablé no hace mucho):
Newton era un personaje decididamente raro, sumamente inteligente, pero solitario, triste, puntilloso hasta la paranoia, con fama de distraído -cuentan que había veces que, al sacar los pies de la cama por la mañana, se quedaba allí sentado varias horas, inmovilizado por el súbito aluvión de ideas que se amontonaban en su mente- y capaz de las excentricidades más fascinantes. Se construyó un laboratorio propio, el primero de Cambridge, pero luego se dedicó a los experimentos más estrambóticos. En cierta ocasión se insertó una aguja de jareta (una aguja larga de las que se usaban para coser cuero) en la cuenca ocular y recorrió con ella el espacio entre el ojo y el hueso, lo más cerca posible de la parte posterior del ojo, sólo para ver qué pasaba. No pasó nada, milagrosamente... al menos nada perdurable. En otra ocasión, se quedó mirando al sol todo el tiempo que pudo soportarlo para determinar qué efectos tendría sobre la visión. Salió de ello de nuevo sin daño perdurable, aunque tuvo que pasar unos cuantos días en una habitación a oscuras para conseguir que los ojos se lo perdonaran.
Sin embargo, dejando a un lado estas ideas estrafalarias y estos rasgos extraños, poseía un talento superior, a pesar de que soliese demostrar una tendencia a lo peculiar incluso cuando trabajaba en asuntos convencionales. De estudiante, irritado por las limitaciones de las matemáticas convencionales, inventó un procedimiento completamente nuevo, el cálculo, pero después de inventarlo se pasó veintisiete años sin explicárselo a nadie. Trabajó de forma parecida en óptica, transformando nuestra interpretación de la luz y sentando las bases de la ciencia de la espectroscopia; tardó también, en este caso, treinta años en decidirse a compartir los resultados de sus trabajos.
[...]En 1684, el doctor Halley fue de visita a Cambridge y cuando Newton y él llevaban ya un rato juntos el doctor le preguntó qué curva creía él que sería la que describían los planetas, suponiendo que la fuerza de atracción del Sol fuese la recíproca del cuadrado de su distancia de él. Sir Isaac contestó inmediatamente que era una elipse. El doctor, llenó de alegría y de asombro le preguntó cómo lo sabía. "Porque lo he calculado", le contestó. Entonces el doctor Halley le pidió que le mostrase enseguida el cálculo. Sir Isaac lo buscó entre sus papeles, pero no lo encontró.
Era asombroso. Era algo así como si alguien dijese que había descubierto una cura para el cáncer y que no se acordaba de dónde había puesto la fórmula.
[...]Muy de cuando en cuando, unas cuantas veces en la historia, una inteligencia humana produce una observación tan aguda e inesperada que la gente no puede decidir del todo qué es lo más asombroso, el hecho o pensarlo. [...]Hizo inmediatamente famoso a Newton. Durante el resto de su vida le cubrirían de honores y de alabanzas, llegando a ser, entre otras muchas cosas, el primero que fue nombrado caballero en Inglaterra por méritos científicos.
Y ese era básicamente Isaac Newton. Aprovecho para recomendar altamente el libro del que he extraído el texto. Es un libro que te aporta toda la cultura general que habría que tener de ciencia sin llegar a profundizar en las cosas. Además, luego puedes quedar de guay contando historias que nadie había oído nunca como esas de Newton.
Habréis oido a vuestros profesores decir cosas buenas de él, y no les faltan razones.
Newton era jefe. El tío no podía resolver un problema y BAM, inventa el cálculo infinitesimal para resolverlo. Like a boss.
Además avanzó mucho en el campo de la óptica, creó las leyes newtonianas del movimiento, que son la base de la física clásica y explicaba la atracción que tenían los planetas entre sí, y unas cuántas cosas más.
Básicamente, si no fuera por los avances que hizo, la cómoda vida que disfrutamos hoy en día no sería así.
Y no es por desprestigiarle, pero si se dicen las cosas buenas también habría que decir las cosas malas. Esto nunca os lo dirá un profesor o un documental de ciencia. Voy a poner un fragmento del libro "A short history of nearly everything" de Bill Bryson (autor del que hablé no hace mucho):
Newton era un personaje decididamente raro, sumamente inteligente, pero solitario, triste, puntilloso hasta la paranoia, con fama de distraído -cuentan que había veces que, al sacar los pies de la cama por la mañana, se quedaba allí sentado varias horas, inmovilizado por el súbito aluvión de ideas que se amontonaban en su mente- y capaz de las excentricidades más fascinantes. Se construyó un laboratorio propio, el primero de Cambridge, pero luego se dedicó a los experimentos más estrambóticos. En cierta ocasión se insertó una aguja de jareta (una aguja larga de las que se usaban para coser cuero) en la cuenca ocular y recorrió con ella el espacio entre el ojo y el hueso, lo más cerca posible de la parte posterior del ojo, sólo para ver qué pasaba. No pasó nada, milagrosamente... al menos nada perdurable. En otra ocasión, se quedó mirando al sol todo el tiempo que pudo soportarlo para determinar qué efectos tendría sobre la visión. Salió de ello de nuevo sin daño perdurable, aunque tuvo que pasar unos cuantos días en una habitación a oscuras para conseguir que los ojos se lo perdonaran.
Sin embargo, dejando a un lado estas ideas estrafalarias y estos rasgos extraños, poseía un talento superior, a pesar de que soliese demostrar una tendencia a lo peculiar incluso cuando trabajaba en asuntos convencionales. De estudiante, irritado por las limitaciones de las matemáticas convencionales, inventó un procedimiento completamente nuevo, el cálculo, pero después de inventarlo se pasó veintisiete años sin explicárselo a nadie. Trabajó de forma parecida en óptica, transformando nuestra interpretación de la luz y sentando las bases de la ciencia de la espectroscopia; tardó también, en este caso, treinta años en decidirse a compartir los resultados de sus trabajos.
[...]En 1684, el doctor Halley fue de visita a Cambridge y cuando Newton y él llevaban ya un rato juntos el doctor le preguntó qué curva creía él que sería la que describían los planetas, suponiendo que la fuerza de atracción del Sol fuese la recíproca del cuadrado de su distancia de él. Sir Isaac contestó inmediatamente que era una elipse. El doctor, llenó de alegría y de asombro le preguntó cómo lo sabía. "Porque lo he calculado", le contestó. Entonces el doctor Halley le pidió que le mostrase enseguida el cálculo. Sir Isaac lo buscó entre sus papeles, pero no lo encontró.
Era asombroso. Era algo así como si alguien dijese que había descubierto una cura para el cáncer y que no se acordaba de dónde había puesto la fórmula.
[...]Muy de cuando en cuando, unas cuantas veces en la historia, una inteligencia humana produce una observación tan aguda e inesperada que la gente no puede decidir del todo qué es lo más asombroso, el hecho o pensarlo. [...]Hizo inmediatamente famoso a Newton. Durante el resto de su vida le cubrirían de honores y de alabanzas, llegando a ser, entre otras muchas cosas, el primero que fue nombrado caballero en Inglaterra por méritos científicos.
Y ese era básicamente Isaac Newton. Aprovecho para recomendar altamente el libro del que he extraído el texto. Es un libro que te aporta toda la cultura general que habría que tener de ciencia sin llegar a profundizar en las cosas. Además, luego puedes quedar de guay contando historias que nadie había oído nunca como esas de Newton.
Category : Historias de universos paralelos
Time: 12:03
Así que en algún lugar ha sido inventada. Si no me equivoco esto es una máquina que lee la mente. Me gustaría entender cómo lo han montado. Al parecer lo que piensas aparece en esta pantalla pequeña de aquí. Ya hay unas cuántas palabras. Probablemente tenga que ver con lo que estaba pensando ahora. Pongámosla a prueba.
Voy a pensar en una persona en concreto a ver si es capaz de reconocerla. Piensa en Kurt J. Mac. ¿Saldrá su nombre, su cara?
En la pantalla aparece "Male". Bueno, no está mal. Kurt es un hombre, pero no es lo que esperaba. No me ha dado una buena primera impresión esta máquina.
Entretanto en la pantalla vuelve a salir "Male" justo debajo del anterior. ¿En serio? Ni siquiera estaba pensando exactamente en eso. Tal vez Kurt no exista en este universo y por eso no funcionó antes. Eso tendría sentido...
"Alone"
¡Eh! ¿Qué quiere decir eso?
Mierda, como venga ahora alguien y lea esto va a ser difícil de explicar. Según esto mis últimos pensamientos son "Male, Male, Alone".
Rápido, piensa algo totalmente distinto para disimular.
"3 % 6"
¿¿Tres entre seis?? No estaba pensando eso, pero supongo que la máquina no sabía traducir lo que pensaba. Voy a probar esto entonces: Un medio, un medio, un medio...
"5"
¿Q..Qué coño? ¡Esta máquina no va! Me voy de aquí.
Voy a pensar en una persona en concreto a ver si es capaz de reconocerla. Piensa en Kurt J. Mac. ¿Saldrá su nombre, su cara?
En la pantalla aparece "Male". Bueno, no está mal. Kurt es un hombre, pero no es lo que esperaba. No me ha dado una buena primera impresión esta máquina.
Entretanto en la pantalla vuelve a salir "Male" justo debajo del anterior. ¿En serio? Ni siquiera estaba pensando exactamente en eso. Tal vez Kurt no exista en este universo y por eso no funcionó antes. Eso tendría sentido...
"Alone"
¡Eh! ¿Qué quiere decir eso?
Mierda, como venga ahora alguien y lea esto va a ser difícil de explicar. Según esto mis últimos pensamientos son "Male, Male, Alone".
Rápido, piensa algo totalmente distinto para disimular.
"3 % 6"
¿¿Tres entre seis?? No estaba pensando eso, pero supongo que la máquina no sabía traducir lo que pensaba. Voy a probar esto entonces: Un medio, un medio, un medio...
"5"
¿Q..Qué coño? ¡Esta máquina no va! Me voy de aquí.
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